Una luz en la niebla
Hoy he pasado a verlo en su cuarto del hospital, el de siempre. Han tenido que internarle después de que su cuerpo protestó por la última quimio. Tiene un montón de secuelas de la medicación, la perspectiva de una lucha larga e incierta y el cuerpo lleno de marcas de guerra. Pero conserva la sonrisa, la palabra amable para sus amigos, para las enfermeras, las señoras de la limpieza, los médicos…Sigue mirándonos con una enorme sonrisa llena de ternura que es como una luz en la niebla.
La semana pasada fue demasiado dura, demasiado triste para describirla sin que parezca trivial. Al menos hoy puedo decirlo. La vida es así a veces, te sacude con unos coletazos que te dejan hueco y descolocado, para luego volverse y reirse de ti en tu cara. También en este caso, en la niebla más densa, pegajosa y oscura, incluso en esa, puede aparecer una luz. Una luz pequeña, tímida, pero fuerte, que viene para quedarse. La luz de un amigo que permanece en silencio a tu lado, sin decir, sin pedir, sólo acompañando por si uno “necesita algo”, horas y horas simplemente al lado. Hay gestos que se llenan de ternura, de lealtad y, aunque se dediquen a otros, nos iluminan a todos los que estamos cerca.
Viviremos, y en nosotros lo harán nuestros seres queridos. Nadie puede poseer a nadie.
Quién puede poseer lo que en sí mismo no se sostiene,
sólo lo que feliz de cuando en cuando se coge como al vuelo
y otra vez se tira como el niño la pelota.
Un trocito de Réquiem de R.M. Rilke
Gracias a todos los que sosteneis esa luz.





