8 de marzo
Ya sabéis que soy una feminista reivindicativa.
Dicho esto, me temo que mis reivindicaciones no se parecen en nada a las “soluciones” que ahora nos están dando a las mujeres.
Para los que no me conozcan lo suficiente: durante años trabajé en puestos de responsabilidad, mil horas diarias, haciendo equilibrios para compatibilizar mi vida personal y profesional. He sufrido discriminación en múltiples ocasiones, me han mindundeado a gusto por ser una mujer, me han aplicado todos los tópicos posibles (no puedo recogerlos todos pero abriré una lista, por aquello del sentido del humor). Tengo una visión muy subjetiva, la mía, pero he reflexionado sobre ella, puede que sirva para otros.
Bien, os diré lo que pienso.
No quiero ir a dónde quieren llevarme. No quiero que adapten las leyes para que me pase más horas en el trabajo aún, no quiero competir con los hombres en sus condiciones sino en las mías, quiero tener el derecho de disfrutar de mi familia y de mis amigos, de mis libros y de mis paseos.
Por lo tanto, quiero que los pisos cuesten menos, no que yo trabaje más aún para pagarlos. Quiero que la enseñanza pública y subvencionada sean realmente buenas y que mis hijos puedan acceder a ella, no quiero trabajar más para pagar “actividades”. Quiero que la sanidad pública sea operativa y que pueda acceder a ella con flexibilidad, para no tener que trabajar más para pagar un seguro médico.
Quiero que se invierta en mejorar la salud, no quiero que se invierta en jugar con los embriones. Es sencillamente inhumano. Es como las guerras. No quiero que se gasten mi dinero en ellas, que me bajen los impuestos por este concepto, no quiero participar.
Quiero que dejen de manipularme para dirigirme a un mundo en que el único valor es el consumismo sin medida. No quiero que se gasten el dinero en subvencionar a los medios de comunicación que les dan la razón. No quiero que me escandalicen con gripes para vacunar pollos, que las multinacionales farmacéuticas, si quieren crecer apoyen a los países africanos, donde tanta enfermedad hay.
Quiero que se valore nuestra sensibilidad, nuestras diferencias y las vuestras, chicos. También las vuestras.
El ser humano tiene dentro de sí mismo lo peor y, por supuesto, lo mejor. Espero que no haga falta recordar que seres humanos somos todos y merecemos el mismo respeto.
PD.- Ayer charlando con el administrador de este blog, me decía que estoy muy seria, “monjil” y aburrida. Esta es la última arenga, espero. A partir de ahora volveré a mi natural frívolón. O escribirá él. Buscad las entradas que pongan Marcos. Es muy divertido.




