Accidentes de fin de semana
Cada domingo y cada lunes leo con cierta aprensión los titulares del periódico. Casi no pasa un sólo fin de semana sin que las carreteras se lleven su botín: jóvenes de vuelta casa después de salir de marcha que dejan la vida en una curva.
Me duele casi físicamente pensar en esas vidas desperdiciadas, en su familias, en las ilusiones comunes que se han acabado.
No podemos evitar un montón de cosas, entre ellas muchas enfermedades y la muerte, pero es una obligación intentar detener esta estúpida forma de buscarla.
No hay recetas mágicas, no hay soluciones fáciles. Es una tarea larga y lenta, pero debe hacerse. No hay nada meritorio en este riesgo, ni en el alcohol o las drogas mezclados con él.




