
Sigo empeñada en justificar mis defectos, mis manías y mis adicciones. Además, algunos días no sabe uno qué contar. Me he pasado todo el día con la cabeza metida en boletines del ICAC (Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas) y cosas así. Y, claro, a nadie le interesan los nuevos formatos de registro de auditores, supongo.
Días así requieren una ración extra de chocolate. Hoy, del de hacer, por ejemplo, eso sí, negro, muy negro, como siempre.
Para defenderme, leo en Livescience que se ha descubierto porqué el chocolate es tan bueno para la salud y, en particular, para el corazón. Parece que tiene un flavonoide, epicatechin (wikipedia) que mejora el flujo sanguíneo.
Mientras lo leo, perfectamente revitalizada, cojo una onza de un chocolate negro, ligeramente especiado. Intenso. Como los versos de Pessoa:
Come chocolates, pequena;
Come chocolates!
Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates.
Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria.



