
Hace unos días leía en el blog de Perdido, un post sobre adivinar el futuro y las cartas del Tarot. El decía, mejor escrito, que no quiere saber su futuro, que prefiere que las cosas sucedan. Muy razonable le respondí que el futuro se está construyendo ahora, lo hacemos día a día nosotros mismos. No está escrito.
Pero desde siempre a todos nos ha resultado atractivo eso de la adivinación.
Durante una época leía las rayas de las manos como las gitanas y te decía lo primerito: esto es lo que pasará si no cambias tu rumbo, pero en tu mano está hacerlo. Y es que lo de que me lo den todo en sobre cerrado, pues ni haciendo de gitana.
Otra temporada nos dió por los horóscopos, incluso con carta astral y todo, que había que hacerla con cálculos matemáticos (ahora creo que hay unos programas estupendos).
Recuerdo que hace unos años, cuando empezamos una nueva época de un periódico diario ya desaparecido, lo primero que echaron de menos los lectores en el nuevo rediseño fue, pues sí, el horóscopo. ¿Deprimente? Quizá es que no faltaba nada más.
Según yahoo para mañana mi predicción es:
Tus colegas estarán sorprendidos por el nuevo aire de confianza que tienes. Estas listo para tomar el mundo como tormenta otra vez. El éxito esta en el aire.
¡Qué bien! ¿Seguro que está hablando de mi?
En realidad, casi siempre puedo adivinar, con un máximo de tres intentos, el horóscopo de alguien que conozco. ¿Qué significa esto? Porque yo creer no me creo nada. Es otra de esas incongruencias, que puede que sea gallega (digo por lo de las meigas, creer non creo pero habelas hailas).
En fin, cuidado conmigo, si me dices tu fecha de nacimiento, sabré cómo eres.



