Empecemos por el principio. En general, me encanta la publicidad, no me molesta casi nunca, me da información, me entretiene. Sé que hay excepciones: anuncios de mal gusto (he hecho la “criba” de anuncios eróticos en un diario, después de eso estoy vacunada), que no vienen a cuento, que no ponen los datos que necesitas… Pero, así, en pinceladas gordas: me chifla.
Y no hace más que crecer, parece que estamos en época de vacas gordas. En prensa crece, por los gratuitos sobre todo. En revistas también, aunque modestamente (creo que Infoadex había dicho que un 2% en el primer semestre).
Y, cómo no, en la época de la imagen, la publicidad lo vende todo en televisión. No recuerdo en qué medio decía Carlotti hace dos semanas que se está desacelerando el crecimiento de publicidad en televisión, que en enero sólo subió un 10%. ¿Sorprendidos? Es que el pobrecillo está acostumbrado al 22%.
Que si no se miden bien las audiencias, que si está saturada, que si patatín…pero la publicidad en televisión crece y crece. Y no es de extrañar. El medio se planifica bien, fácil, la cobertura es enorme y al anunciante le da “juego”.
¿Y qué pasa con Internet? Pues parece que da miedo a los planificadores, demasiado fragmentado, demasiado caótico y cambiante´. Aquí hay poca gente de fiar. Y, además, cómo se mide. Aún así, las previsiones dicen que crecerá y crecerá.
No sé qué pasará en el futuro con otras cosas, pero estoy segura de que la publicidad se reinventará si es necesario, pero sobrevivirá y seguirá dejando un rastro de calidad en medio de la telebasura.
Como decía un amigo a los periodistas nuevos: ” Míranos bien (al equipo comercial), más de la mitad de tu sueldo te lo pagamos nosotros”. Pues eso.



