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Felicidades Mami!!!

Hoy está de cumpleaños mi madre. No se dicen cuántos, pero es muy muy joven.

No sé cómo expresar lo que significas en mi vida. Además de ser una madre cariñosa, sacrificada y sensible, eres una persona excepcional que bajo una apariencia normal esconde la persona más grande que yo haya conocido jamás: buena, inteligente, coqueta y dulce.

Siempre te he visto soñar y pelear por tus sueños con energía, con entusiasmo. Me has enseñado tantas cosas…

Me siento torpe al escribir esto y me gustaría ser capaz de poner en palabras propias lo que significas para mi.

Dice Miguel Hernández:

Nunca tan parecida tu frente al primer cielo.
Todo lo abres, todo los alegras, madre, aurora.
Vienen rondando el hijo y el sol. Arcos de anhelo
te impulsan. Eres madre. Sonríe. Ríe. Llora.

Me viene a la cabeza uno de los escritos favoritos de Paco Sánchez, que decía:

Fui un bebé muy llorón y por eso se me quedó la boca grande. Lloraba, al parecer, sin que nada consiguiera acallarme, sino una cosa: la mano de mi madre. Por lo visto, sentir su mano sobre mi cara y serenarme era todo uno.(….) Sólo el calor de una mano me consolaba, una sola entre todas las manos del mundo. Luego ya siempre fue igual.

.

Para mi también siempre fue igual.

Te quiero mucho.

No mides las distancias!!

Hoy os toca soportar mis neuras. Lo siento, pero lleváis un montón de tiempo sin ver el lado oscuro.

Y es que esta noche he metido el coche en el garaje y le he rozado toda su defensa negra (blanquecina por el salitre de las carreteras nevadas) de blanco y rojo.

Y me ha dado un ataque de esos de : “pero esto sólo lo hago yo pero por dios dónde iba mirando pero es que soy una inútil un desastre y que vergüenza ver así de rozado el coche cómo puedo ser tan torpe si ya lo decía mi madre es que no mides las distancias”.

Todo sin dejar respirar a mi cerebro ni un segundo.

Subo a casa, “hundida de solemnidad”. No me miro en el espejo del ascensor. Total, estoy segura de que no me va a gustar lo que veo…

Que alguno dirá que porqué me pongo así, pero es que estas cosas me hacen sentir muy mal, como una incapaz, me acomplejan, vaya.

Y recuerdo que, hace un mes, no sé si os lo he contado, rocé un coche aparcado en doble fila a la entrada de mi garaje. Me sentí, pues como antes he descrito, pero peor aún, por el otro.

Supuse que estaría tomando café y entré a buscarlo. Le expliqué. Me miró muy serio y me dijo: “Tranquila, eso no es nada, se arregla, lo importante es que estás aquí intentando resolverlo. Tómate un café” (nunca te lo agradeceré bastante, nos tomaremos ese café).

De sentirme fatal pasé a sentirme tremendamente bien. Pero prometí esforzarme en que no me volviese a pasar y hoy…otra vez. Me voy a dormir, porque la culpa la tiene esto de dormir cuatro horas y…que nunca he sabido medir las distancias (en todos los sentidos).