Cuando ayer leí la noticia, tuve que hacerlo dos veces, porque no podía creerlo.
Me refiero a las cartas que, al parecer, ERC ha enviado a sus militantes que tienen cargos públicos reclamándoles el pago de la “cuota” para el partido bajo amenaza de despido.
No pretendo entrar en la forma de financiación de los partidos políticos, que sin duda merece una reflexión, sino en la más pura ética.(Para un buen análisis del “clientelismo político” id a Periodistas 21).
¿Cómo es posible confiar en la correcta designación de alguien por su valía y desempeño si, además de sus simpatías al partido en cuestión, ha accedido a entregar por ejemplo el 20% de su salario al partido? Y si no, le despiden, los del partido, claro, nada tenemos que ver aquellos a cuyo servicio está. No puedo creerlo.
Hece tiempo leí-no sin cierta prevención- un libro de Alejandro Llano llamado El diablo es conservador y , de los pocos puntos que sin discusión comparto con el filósofo, está aquel en que critica las “éticas profesionales”, las éticas parciales, las éticas para esto o aquello. No es así, sólo hay una ética y como bien dice el autor, se aprende practicando.
Creo que ERC está usando una ética muy parcial al colocar la transparencia por encima de lo correcto.



