Por segundo año – gracias a mi cambio de vida- voy a plantar mi propia cosecha. Este año repito con la lechuga, pero abandono las judías para dedicarme al tomate.
¿Por qué hago esto?
Aunque planto muy poca cosa – media docena de plantas de tomate y dos docenas de lechugas es el plan-, me da la sensación de que mi campo ya no es estéril, de que hacer crecer algo tan útil y tan rico es bueno para mi y para él. Ya sé, soy de esa gente que le habla a las plantas (le hablo a todo, estoy un poco tocada del ala).
También por comérmelo, ¿sabéis lo que es comer una lechuguita recién cogida de la huerta? Está crujiente y sabrosa, hummmm. Y el tomate: un poco de queso, aceite de oliva, un pizco de sal y orégano y cenas de lujo asiático. Me gusta compartirlo, me gusta ver gente por casa y como los amigos lo saben, pues eso.
También porque eso me permite enredar – una de mis palabras favoritas- con un tío mío, jubilado ya, que me ayuda y me instruye en esto. Casi todos los domingos por la tarde, cuando estamos allí, pasa alguno de mis tíos a tomar un café y charlar. Este, según llega, el saludo es: “qué bien se ven las lechugas, lo que crecieron” . Y yo: “sí, todo es regarlas en el pie como me dijiste.Pronto se podrán comer”. Y así un ratito, que si el Babosil, que si la lechuga que se compra en Placidito es así así, etc…
Y me da tema de conversación con mi tía- abuela que viene cada día a merendar a casa cuando estoy allí. Tiene 90 años y nos queremos mucho. Es, como las mujeres de la familia de mi madre, una negociante nata, espabilada, con fuerte carácter y muy exagerada. Es adorable. Ella, acostumbrada a comprar y vender, a negociar con jornaleros, es la que me dice donde comprar las plantas. Siempre acaba diciéndome: “no sé para qué haces esto, si para lo que te hace falta ya te lo mando yo”. Pero sonríe, le gusta que lo haga. Sé que lo entiende.
Además da ocasión para ir a tiendas rarísimas, a invernaderos, a ferreterías, a charlar con el jardinero,…. pero esto se merece un post aparte.
Por último, y muy relacionado con mi primer argumento, soy una apasionada de ver crecer: las personas, los proyectos, las plantas,….Ayudarles, si puedo, es mi vocación.
Disfruto y disfruto desde ya, planeándolo, anticipandolo todo: lo que me gustará ir a comprar, conseguir el estiércol, ir cada día a ver mis plantas, quejarme de los bichos y comer unas ensaladas maravillosas. Anticipar es gran parte del disfrute.
Ya veis, lo que dan de sí unos tomates.



