Antes de nada, que sepáis que no os he abandonado.
Anoche iba a escribir, como casi siempre, y según mi administrador hubo”un problema de conectividad”. Hice de usuario plasta dando la vara hasta las tantas, se arregló pero nos liamos de charla escrita jijijaja y cuando nos dimos cuenta, zas, había vuelto el problema.
Lo que iba a contaros. Ayer comí con un amigo que es más bien madrileño (no se sabe: nació en Toledo, madre vasca, padre asturiano, quince años en Galicia….). Cada vez que quedamos en uno de estos días bonitos nos damos un paseo de charleta después del café. Tenemos conversaciones recurrentes. Una de ellas es: “es un privilegio vivir en un sitio así, en cinco minutos estás al borde del mar, absolutamente ajeno al tráfico y la ciudad”.
Me gusta esa conversación, me reafirma. De vez en cuando uno piensa que tendría mejores oportunidades trabajando en Madrid o Barcelona, que podrías llevar una vida profesional más intensa y culturalmente más rica. No me disgustan las ciudades y entiendo a los que vivís en ellas a gusto. Pero yo me quedo con mis privilegios de ciudad pequeña.
Os dejo una foto de una de las vistas de ayer, aunque la foto está hecha en invierno y tiene menos luz que estos fantásticos días de primavera.




