Los tiempos están cambiando. Casi nadie se plantea ya un trabajo para toda la vida, en el que jubilarse con méritos a los 65.
Los años 90 nos han dejado un escepticismo enorme sobre nuestro futuro profesional, escepticismo que quizá esté injustificado: viendo cómo vienen las pirámides de población no les quedará más remedio a las empresas que soportarnos aunque no seamos muy buenos. A lo mejor no nos dejan jubilarnos hasta los 70.
Mientras nos convencemos de esto, y por si acaso, quien más y quien menos se preocupa de seguir aprendiendo. Y me refiero al terreno profesional. Aprender por aprender es sencillamente una delicia.
En mi caso, además de estudiar los sectores de mis clientes, que ya no es poco, me ocupan varios temas. Intento recuperar mi “brillante pasado” (no tanto, pero bueno) de conocimientos fiscales y mercantiles y el nivelillo de inglés que nunca acabo de consolidar.
En la parte más técnica, me doy por contenta con lo que estoy aprendiendo como blogger. Sinceramente, nunca creí que podría manejar tanto concepto nuevo. ¡Si hasta soy capaz de usar algo de html!
¿Otros planes para este verano? Pues claro, no todo es trabajar –no en mi caso, desde luego- y hay que formarse en otras áreas: un curso de vela y algo más de cocina bastarán. Ya os contaré.
¿Y vosotros? ¿En qué andáis?



