Y no deja de ser un problema.
Anoche, cenando con unos “colegas”, charlábamos de lo típico: que si es mejor vivir en una ciudad grande, que si en un pueblo,….
Y me di cuenta de que podría tener tres -o más- vidas y disfrutarlas todas.
Qué gusto pasarse un par de años en Nueva York, moviéndose sin parar, aprendiendo y conociendo.
Qué apetecible vivir en el pueblo de ayer, en Betanzos, con sus callejuelas medievales, con su plaza como punto de reunión, con todo y todos al alcance de la mano.
Y cómo me gusta esta mañana mi campo, con el campanario de la iglesia tocando las horas a lo lejos, el gato rascándose en mi ventana y los pájaros bajando a beber. Fresco y sin ruidos.
Si no tuviérais obligaciones familiares y profesionales, si pudiérais elegir llevaros a la gente que queréis con vosotros, ¿dónde os gustaría estar?



