Supongo que todos habréis visto las imágenes de la destrucción que el fuego está causando en Galicia.
Desde que recuerdo ha habido dos mentalidades que ahora, por fin, parecen ir convergiendo.
Estaba la mentalidad “de ciudad” que no valoraba el campo, ni las consecuencias del deterioro del medio. Esta postura ha ido declinando poco a poco en gran parte gracias al esfuerzo de las instituciones y de las organizaciones sociales para cambiarla.
Estaba, y está, la forma de pensar de la gente que siempre ha vivido del campo. Por supuesto, dentro de estos también hay posturas ignorantes, como en cualquier otra problemática. Si buscamos la charla con los más instruidos veremos que ahí están las soluciones.
Es lógico, es la gente que ha visto el campo como su medio de vida, y no sólo de subsistencia, los que nos pueden dar las claves para mejorar su mantenimiento.
Basten desde mi posición dos referencias.
Por una parte, la columna de Paco Sánchez del pasado sábado en La Voz de Galicia, que promueve que se acerque la gestión de los fondos a aquellos que pueden ejecutar los trabajos -postura liberal y práctica- y que esos fondos se dediquen a prevenir.
Por otra parte, os he hablado de mi tía abuela, una visionaria de 91 años que siempre ha sido moderna y que ha sabido sacar del campo y del monte lo mejor de él.
Ella me decía esta semana, con una pena inmensa, que hay que proteger el monte, que ella, desde que recuerda, está pendiente de que sus montes estén cuidados, de que los árboles se planten suficientemente separados como para que el tractor que limpia pueda pasar, que se poden las ramas bajas, que se eliminen los helechosy los toxos,etc.
Ella me contaba como hace ya bastantes años un incendio se paró en sus montes porque estaban tan bien que no ardían. Siempre ha sido una mujer culta y lista. A lo mejor deberíamos escuchar a otros como ella.



