Leía hoy en algunos blogs que Galicia está pasando por una situación de crisis. A las más de 80.000 Ha. quemadas, de momento, y a la situación de alarma que con ello se ha creado (En este mismo blog leer Galicia en llamas y El fuego destructor) se suma ahora el desánimo que se ha creado por el descarrilamiento del tren Galicia- Hendaya.
No sólo por el hecho, terrible, de los seis muertos y los treinta y seis heridos, gallegos o no, que no son valorables, como no lo es una sola vida humana, sino también por lo que este tren significa como símbolo del “atraso estructural” de Galicia. Una vez más, Galicia demuestra estar a la cola en infraestructuras.
¿Y ahora qué?
Después del Prestige vino la subvención, puede que después de estos incendios pase lo mismo, pero lo realmente inquietante, lo que debería de estar pre- ocupándonos es el futuro inmediato:
¿Cuál será la situación económica de Galicia en seis meses?
Un titular, de esos que uno se salta, en las páginas de economía de La Voz de Galicia decía hoy mismo: “La Xunta sólo recauda el 40% de lo que necesita para su Presuposto”.
Y ya se sabe el debate que se ha generado en cuanto al reparto de fondos entre Comunidades Autónomas, sobre todo desde lo de Cataluña. Que por cierto, viendo que casi recaudan el 80% hasta uno empieza a entenderles. Claro que soy de las que piensan que hay que poner por delante lo de la solidaridad pero, ¡caramba, que se vigile mucho que se hace con esos fondos!.
Y por otro lado, los fondos comunitarios se van. Irremediablemente ese descenso para el 2007, que los deja reducidos a poco más de una quinta parte, va a afectar de forma brutal a regiones como la nuestra.
Y mientras tanto, ¿qué tejido empresarial se está creando? ¿qué apoyo real reciben las empresas que se convierten en motor del crecimiento?. Conozco alguna cuyo crecimiento está paralizado por planes urbanísticos municipales desde hace años. Escandaloso.
Mientras nos parezca bien que nuestros grandes empresarios compren participaciones en bancos o en eléctricas en lugar de impulsar sectores industriales que puedan tirar del empleo y de la riqueza, Galicia seguirá manifestándose, cobrando subvenciones, si las hay, y callando.
Pero si los gallegos no callan, sus instituciones y sus medios de comunicación deben estar a la altura.



