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En el nombre de la madre

Hay pocas cosa que me solivianten tanto como el asesinato de mujeres.

Debo decir una cosa antes: creo que algunas mujeres pueden ser muy miserables. No soy un defensor acérrimo de las mujeres por el hecho de que lo sean. Las mujeres tienen poder y a veces lo usan muy mal. Como los hombres, porque todos somos como todos.

Pero si hay algo que me revienta es todos estos asesinatos de mujeres. Mujeres que llevan AÑOS denunciando maltratos. AÑOS diciendo que necesitan AYUDA. Y luego salen familiares, hijos, padres, hermanos, clamando justicia. Al Estado. A los jueces.

Una mierda.

Esto es lo que hay que hacer:

Con la rabia acumulada de años, los dos hijos de una mujer, a quien su exmarido había intentado asesinar, le dieron una paliza que lo ha llevado al hospital. Nadie debe tomarse la justicia por su mano, pero quien no comprenda a estos dos jóvenes que alce la mano, quien asegure que no habría hecho lo mismo, miente. Unos de los más graves problemas que rodea el horror y el drama humano del terrorismo doméstico es que la familia, por vergüenza, por miedo, no hace público su calvario y así hasta los vecinos más próximos descubren la verdad cuando ven salir el cadáver de la mujer por la escalera.

Catalina salvó la vida de milagro. Sólo porque el cuchillo de cocina no le alcanzó la yugular. El hijo asegura que le da igual ir a la cárcel por la paliza a un hombre a quien no quiere llamar padre y confía en que, a partir de ahora, deje tranquila a la familia. Porque esta víctima llevaba presentando denuncias desde el 2002 y hay orden de alejamiento de su agresor y aún así casi la mata. Ante el fracaso de la Ley Integral contra la Violencia de Género se corre el riesgo de que la gente se tome la justicia por su mano y no será difícil encontrar argumentos jurídicos para aplicar la eximente de defensa propia al actuar en el nombre de la madre. Porque está muy bien que los hijos se impliquen, que las nuevas generaciones no consideren “normal” el maltrato familiar que, pese a convivir con la violencia, no se resignen. Ante la falta de medios para proteger a las más de setenta mil mujeres que han denunciado malos tratos la familia puede ser el último refugio frente al terror, lo que les salve de incrementar la cifra de mas de cincuenta mujeres asesinadas en lo que va de año.

Creo que con los brutos no hay mas lenguaje que éste. Aquí tenemos a un hijo (en realidad, dos, porque el otro es un menor) que con gallardía lo que dice no es “soy inocente”, sino que nos viene a decir: lo hice; me voy a la cárcel; pero este H** de P** nos deja en paz. De una puta vez.

Con un par de huevos. Y con perdon.

[Vía El Periódico de Extremadura]