Elegir
Preferir una cosa a otra.
Es algo que hacemos de forma habitual, continuamente, casi sin pensar con miles de menudencias.
Pero no siempre las elecciones son tan fáciles, sobre todo las importantes, y lo que hay que pensar siempre siempre es que nuestras elecciones, nuestras decisiones, tienen consecuencias. Así que al menos suelo pensar qué pasa si sí y qué pasa si no. Como soy Epicúrea y muy poco frívola, siempre pienso en medio plazo, nunca en corto.
Y diréis que a qué viene esto. Pues a que me surgió la posibilidad de cambiar de trabajo esta semana, a uno mejor remunerado, más “vistoso”, en un organismo público, con posibilidad de hacer muchos contactos y en mi zona. Un “caramelito” que decía uno de mis amigos.
Valoré mucho la decisión, las consecuencias de cogerlo y los miedos - que no son despreciables nunca- a los que seguiré teniendo que enfrentarme si digo no.
Realmente hay decisiones difíciles. Mi corazón ha elegido ya, supongo que le haré caso -siempre lo hago y no me quejo, al menos cuando no acierto con el corazón siento menos el fracaso- pero mi razón me dice que estoy loca de atar.




