Bueno, ya sabéis de qué hablo, del Tao, de Lao Zi, uno de esos grandes libros de sabiduría oriental.
Como yo, en el fondo, tengo un puntito de ansiedad, ya os he dicho antes que Buda me desespera un poco, que la filosofía oriental me consume.
Bueno, pues esta vez me he tomado el Tao en dosis pequeñas, he reflexionado -y sigo haciéndolo- un poquito cada noche y le voy encontrando el punto. De hecho, mi reflexión nocturna me tiene enganchada.
Y es que esto de “fluir” y de dejar que las cosas sigan su curso sin intentar forzar la naturaleza me parece muy positivo, muy sensato y bastante epicúreo.
Hace sólo unas semanas -lo que demuestra lo osado de la ignorancia- me parecía increíble llegar a estar de acuerdo con:
Más vale detenerse
que perseverar y excederse.
No puede conservarse por siempre
lo que se afila sin cesar.
No hay quien sea capaz de guardar
una sala llena de oro y jade.
Atraerá el desastre
el rico y noble, si soberbio.
Cumplida la obra, retirarse:
tal es el curso del cielo.
Y ya sin esfuerzo, me quedo con:
Conocer a los demás es sabiduría;
conocerse a sí mismo es iluminación.
Vencer a los demás es tener fuerza;
vencerse a sí mismo es ser poderoso.
Esforzarse en avanzar es tener voluntad;
saber contentarse es ser rico.
Estoy cansadita, me voy a dormir.



