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Calorcito, por fin…

Aquí parece que ha llegado el verano. Al menos un poco. Que ya iba siendo hora, que la semana pasada aún tuve que poner la calefacción.

Por mi parte, el sábado decreté que había empezado para mi, el domingo cambié ropa y zapatos y empecé a vestirme como corresponde al mes del año, aunque no al frío que hacía fuera.

El lunes y el martes me fui por fin sin medias -qué liberación, jesús- arriesgando a coger un catarro y encogidita de frío con la chaqueta de verano. Y estrenamos piscina aunque se nos queden los labios morados, jajaja.

El miércoles hizo calor y el sol me cogió de sorpresa, así que me quemé y pillé una alergia, pero… ¡qué carga de pilas! ¡Impagable! Así que hoy, ya exagerando, me fui toda de blanco, purito verano, y sandalias. Y esta vez ya sí me pasé… bufff, a ver si me tomo algo caliente para que se me quite la congelación que tengo.

Y es que este año se me ha hecho larguísimo el fin de esa primavera invernosa… pero ya pasó, a disfrutar del solete, que, aunque vengan días malos, ya no puede ser para tanto.

Y para que no creáis que todo van a ser trapitos y chorradas, poneos de cara al viento de junio y respirad hondo tomando todo el aire, que nada malo os va a pasar, sonreid y se llevará las nubes:

Dejad que el viento me traspase el cuerpo
y lo ilumine. Viento sur, salino,
muy soleado y muy recién lavado
de intimidad y redención, y de
impaciencia. Entra, entra en mi lumbre,
ábreme ese camino
nunca sabido: el de la claridad.
Suena con sed de espacio,
viento de junio, tan intenso y libre
que la respiración, que ahora es deseo
me salve. Ven
conocimiento mío, a través de
tanta materia deslumbrada por tu honda
gracia.
Cuán a fondo me asaltas y me enseñas
a vivir, a olvidar,
tú, con tu clara música.
Y cómo alzas mi vida
muy silenciosamente,
muy de mañana y amorosamente
con esa puerta luminosa y cierta
que se me abre serena
porque contigo no me importa nunca
que algo me nuble el alma.

De Claudio Rodríguez