Dame tu libertad
Como decÃa una amiga querida: no se puede dar de lo que no se tiene. Os deseo que tengáis muchas cosas hermosas para dar.
Os dejo con un poema de Pedro Salinas. Impresionante, creedme. Leedlo despacito y en voz alta hasta que sintais la brisa de la noche haciéndoos más ligeros, como la sensación de navegar en el azul.
Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mà desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veÃas
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mÃ: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mÃ.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.
PD.- Gracias Marga, de nuevo, por la foto.





Es una poesÃa preciosa, el final sobretodo, es sublime.
La quiero para soltarla, solamente.
Un saludo.
Mira, Amalia. Yo ya estoy un poco pasado de edad para ciertas cosas. Han venido unos vecinos nuevos a mi edificio y sólo he coincidido dos veces con ella.
Es rubita, de cara dulce y ojos de mar. No llegará a los 25. Su novio — eso supongo– es un ser de exqusita educación y poderosa sonrisa. Cuando ella –Ana, creo que se llama — aparece e ilumina mi fugaz coincidencia en un socorrido portal, me acaricia el corazón con su simple “Buenos dÃas”. No es algo meramente sexual, qué va. Sólo siento ganas de charlar con ella y poder admirar la luz infinita de su rostro. A mi compañera, Celia, no se lo puedo confesar, obviamente…
Ella, Ana, derrama simpatÃa. Tiene esa belleza escondida que todos hemos alguna vez admirado. Es posible que me inspire algún futuro poema que hable de mar, turquesas y flores de fragilidad. Ella es tan bonita que tengo miedo de aguantar su mirada…
¿Será que mi condición de persona un tanto mayor se adorna con un color verde de esperanza? ¿Serán mis anhelos puro resÃduo?
Yo ya no tengo espacio ni tiempo para enamorarme. Ya apareció mi querida Celia en ese instante vital tan trascendente. Pero…
Ana es tan bonita… ¿Es posible que la idealidad de la belleza cristalice en nuestros torpes sentimientos?
Gracias por la poesÃa, Amalia.
Besos, muchos besos.
Garvin, es sublime como lo es el amor de verdad, el de corazón que no intenta atrapar, ni poseer, ni atar.
Leiter, creo que entiendo lo que dices aunque a mi no me haya pasado. Hay mil formas de amor y en el corazón de una persona caben todas.
Besos.