La verdad que no lo vi, lo oí apenas mientras charlaba con un querido amigo que dice cosas mucho más interesantes. Sé que no está bien pasar así y que debería implicarme, pero hay tanto que cambiar que la pereza que me entra es invencible.
Os voy a decepcionar si os digo quién creo que perdió -ganar no ganó nadie- porque no es uno sólo. Son los dos. Desde mi punto de vista, la falta de imaginación y, sobre todo, de trabajo de fondo es un defecto que sufren ambos.
Me enferma un poco la cortedad de miras de todos los que han de dirigirnos, la continua búsqueda de lo que nos gusta oir, de los lugares comunes, el cortoplacismo miope en el que se mueven tan bien los dos.
¿Dónde está el proyecto de futuro? ¿En la revisión del pasado de Zapatero? ¿En las acusaciones de Rajoy? ¡Qué aburrimiento!
Quizá hay temas que me han parecido aún peor que otros. El tratamiento dado al problema de la inmigración tiene delito: oscilan entre vanagloriarse de quién deja entrar a menos (necesario se supone para parte de su público objetivo) y la necesaria “ternura” blandengue que hay que mostrar porque “pobrecitos son personas”. A lo mejor soy yo la que está siendo ahora demasiado crítica.
En fin, que cuando hablan de economía y datos me sustraigo al menos a la inmoralidad complaciente en que vivimos -sí Verme, tienes razón- pero cuando hablan de personas digerirlo me cuesta más. Afortunadamente.



