Sexo en Nueva York, el libro
de Candance Bushnell.
Creo que me lo ha prestado una amiga mía porque debe de encontrarme así como “poco espabilada” para estas cosas o, como me decía otra amiga en una fiesta en la madrugada del sábado: “es que eres un poco mística”.
Por lo que sea, piensan que conozco poco a los hombres y supongo que no se equivocan demasiado. A ver, no es que yo sea tonta, ni rara, pero es que he vivido toda mi vida entre ellos como coleguitas: jugaba a fútbol con ellos cuando era una cría, salía con mis amigos de ahora siendo adolescentes y la mayoría de mis compañeros de trabajo han sido chicos. Así que os conozco muy bien, pero quizá “de otra manera”.
La cosa es que el libro es ameno, se pasa un rato divertido, a veces, y poco más. Lo encuentro un poco “misógino” (¿andrógino?¿cómo se dice?) con los hombres. Pongo un parrafito de ejemplo:
…mucha gente está harta del miedo al compromiso de estos sujetos. Si yo fuera una mujer soltera pensaría: ¿Para qué molestarme con estos tíos si ahí fuera hay 296 millones de gays cachondos dispuestos a realizar el mismo servicio? Podría buscarme un gay divertido y ameno que me sacara de paseo. ¿Por qué perder el tiempo con X? ¿ A quién le apetece sentarse con él, soportar su rollo sobre el trabajo y tener que adularle? Es demasiado mayor para cambiar. Un hombre como X no merece la pena el esfuerzo. A esos hombres ya no hay quien se los crea.
Después de todo, son las mujeres quienes deciden si un hombre es deseable o no.
Y no sigo porque alguno de vosotros me confunde con la autora y me mata. Y el libro ni siquiera lo he comprado yo,¿eh? Aunque voy a reconocer que un poquito de frivolidad viene bien de vez en cuando.




