Siempre nos han gustado los buenos, con esos colores vivos que alegran las paredes mal pintadas o grises,que ponen el arco iris en las paredes de la estación de tren bajo la lluvia de invierno. perdón por la chorrada poética.
Así que ayer nos fuimos a un chino y compramos sprays de colores -rojo para las flores, amarillo para el sol, azul celeste, verde para la hierba, blanco para la nube, negro- y esta mañana, aprovechando que no llueve, nos hemos ido a graffitear. Él resultado os lo pongo en foto un día de estos, aunque el bote de amarillo no funcionaba bien y nos quedó un poco menos luminoso de lo esperado.
La cosa es que a pesar de los guantes acabé con los dedos anaranjados de mezclar rojo y amarillo, aún poniendonos capuchones de plástico hubo quien quedó con mechas azules en pelo o quien pintó sus pecas de blanco. ¡Menuda pandilla!
Nos reimos a contraviento, a ese que silba fuera y también al que silba dentro. Y cuando pare vendrá un rabo de nube que se llevará lo feo ( a ver si da tiempo a que seque nuestra pintura). Como niños.



