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Hace años, cuando los tiempos venían malos, uno de mis mejores amigos me decía siempre: navega. Y yo navegaba. Y así fui sobreviviendo a temporales no marinos.
A navegar en secano aprendí bastante bien, aunque por mi carácter tengo garantizado meterme en líos.
Después, bastante más tarde, descubrí el placer de navegar “de verdad”, en el mar.
Hoy preparábamos nuestra siguiente “gran navegación” y le decía a mi patrón que me gusta mucho navegar, además navegar así, sin prisa, sin hacer regatas.
¿Por qué? Son muchos los motivos. El contacto con la naturaleza hace que uno cambie su ritmo y lo adapte al ritmo natural, la luz y los espacios abiertos tienen un efecto magnífico sobre la mayoría de nosotros. Además, estar en el medio de la nada, como ya os he contado, tiene ese punto especial, diferente, que te hace relajarte totalmente (si no tienes agorafobia, claro). En mi caso, valoro especialmente no tomar decisiones. En el barco soy la novata, la que menos sabe de esto y mi patrón me dice qué debo hacer. El gobierna el barco y los tiempos no los manejas, los maneja el mar.
Y sí, me gusta ver la costa como se hace pequeña cuando nos alejamos, intrépidos y valientes, pero, si es posible, sin temporal.
Os iré contando nuestros preparativos, nuestras rutas.
Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón,
i eu non me acordo xa se era aquel cravo
de ouro, de ferro ou de amor.
Soio sei que me fixo un mal tan fondo,
que tanto me atormentou,
que en día e noite sin cesar choraba
cal chorou Madanela na pasión.
«Señor, que todo o podedes,
-pedinlle unha vez a Dios-
daime valor para arrincar dun golpe
cravo de tal condición».
E doumo Dios e arrinqueino,
mais… ¿quen pensara…? Despois
xa non sentín máis tormentos
nin soupen que era delor;
soupen só que non sei que me faltaba
en donde o cravo faltou,
e seica, seica tiven soidades
daquela pena… ¡Bon Dios!
Este barro mortal que envolve o esprito
¡quen o entenderá, Señor…!
De Rosalía de Castro, Follas Novas
¿Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo.
Rainer María Rilke
Os deseo que tengáis muchos sueños o al menos uno grande. Os deseo que los persigais sin medida aunque sepáis que no llegaréis a alcanzarlos. Os deseo que tengais alguno, el mejor, a medias con alguien a quien améis.
Es viernes ya. Dreams de The Cramberries:
All my life
is changing every day
in every possible way
in all my dreams
it’s never quite as it seems
never quite as it seems
i know i’ve felt like this before
but now i’m feeling it even more
because it came from you
then i open up and see
the person falling here is me
a different way to be
i warn more
impossible to ignore
impossible to ignore
they’ll come true
impossible not to do
impossible not to do
now i tell you openly
you have my heart so don’t hurt me
you’re what i couldn’t find
totally amazing mind
so understanding and so kind
you’re everything to me
all my life
is changing every day
in every possible way
and oh my dreams
it’s never quite as it seems
cause you’re a dream to me
dream to me
Vosotros sois un sueño para mi. Y lo digo por el de santo y el de cumpleaños.
Me voy a apuntar a esa moda. En realidad, es casi una necesidad física y desde luego, emocional.
Par los que no sepáis aún qué es el Slow, pues la propia palabra lo indica, es una filosofía de vida que consiste en desacelerar el ritmo de vida, volver al placer de los afectos y a la vida sana.
No me resulta sencilla la primera parte pero dado que le doy mucha importancia a los otros dos puntos y van inequívocamente unidos, no quedará otra que apuntarse del todo. Sí, al ternura requiere tiempo. Por supuesto, como todo, no hay que llevarlo a extremos. Creo que era Aristóteles el que decía que hasta con la moderación hay que ser moderado o algo así.
En todo caso, esto de ir contracorriente me pone un montón, sobre todo si es, como creo profundamente, ir a favor de mi felicidad.
Desde siempre me parece una de las capacidades más importantes para ser feliz y vivir mejor. Tengo demasiado poco -nunca se tiene bastante de esto- quizá por esa tendencia a tomarme a mi misma demasiado en serio.
Bueno, como sea, que da lo mismo, lo importante es ser capaz de ver ese “otro lado” de lo que nos pasa. Reconozco que se me da bien la “caricatura verbal” y me cuesta poco transformar en escenas simpáticas o ridículas muchas de las cosas que me pasan.
De hecho, tengo el gesto automático ya de echarme a reir cada vez que me engancho en la manilla de una puerta, o la típica escena en la que me dedico a buscar el ticket del parking por debajo del coche -o peor aún, le tengo que contar al de la caja mi triste historia- o imaginarme cómo me debe de estar insultando ese pobre conductor para el que voy demasiado despacio. La verdad que todas esas cosas me hacen gracia. Las hago mucho peores, jejeje, pero no las voy a contar aquí.
¿Y a qué viene esto? Pues es que leí en una revista de fin de semana que hablaban del humor en el trabajo, e incluso mencionaban que hay una consultora llamada Humor Positivo que se dedica al tema. Y yo no sé si a uno le pueden enseñar esto, pero seguro que es más útil que hacer puenting, por ejemplo. No lo sé, la verdad. ¿Qué pensáis? ¿se puede enseñar el sentido del humor?
Hace un año era viernes y recuerdo que escribía por la noche en el blog – oyendo When a Man Loves a Woman- antes de ir a darme uno de esos baños relajantes que me regalaba por esa época.
Fue un fin de semana intenso, soleado, colorido…Me caí limpiando una piscina y los moratones me duraron lo suyo. Comí una paella riquísima y prometí no beber más licor café.
Y, además, nació Paulita. Así que, preciosa, muchas felicidades. Es el primer año que te las puedo dar y espero hacerlo cada uno de los que siguen, viéndote crecer tan guapísima.
Te dejo un hermoso poema de Tagore:
¿Sabe alguien de dónde viene el sueño que pasa, volando, por los ojos del niño? Sí. Dicen que mora en la aldea de las hadas; que por la sombra de una floresta vagamente alumbrada de luciérnagas, cuelgan dos tímidos capullos de encanto, de donde viene el sueño a besar los ojos del niño.
¿Sabe alguien de dónde viene la sonrisa que revuela por los labios del niño dormido? Sí. Cuentan que, en el ensueño de una mañana de otoño, fresca de rocío, el pálido rayo primero de la luna nueva, dorando el borde de una nube que se iba, hizo la sonrisa que vaga en los labios del niño dormido.
¿Sabe alguien en dónde estuvo escondida tanto tiempo la dulce y suave frescura que florece en las carnecitas del niño? Sí. Cuando la madre era joven, empapaba su corazón de un tierno y misterioso silencio de amor, la dulce y suave frescura que ha florecido en las carnecitas del niño.
Aunque hoy es luna llena.
De Bebo Valdés y Diego el Cigala
En la vida hay amores que nunca,
pueden olvidarse,
Imborrables momentos que siempre guarda el corazón,
Porque aquello que un día nos hizo,
temblar de alegría,
Es mentira que hoy pueda olvidarse con un nuevo amor,
He besado otros labios buscando, nuevas ansiedades,
Y otros brazos extraños me estrechan,
llenos de emoción, pero solo, consiguen hacerme,
Recordar los tuyos,
Que inolvidablemente vivirán en mí.
Llego muy tarde de trabajar -algo totalmente inusual ahora- y me digo que necesito relajarme un poco, así que cojo el periódico que no he tenido tiempo a abrir. ¡A quién se le ocurre! Es que no paso de la primera…
Para empezar la foto de “Zapatero y sus chicas Bond”. Me hace gracia imaginármela al contrario, por ejemplo, Espe y sus chicos. Pues sí, guapos, ese efecto hace. Pero habrá que pasar por esto. Como dice una de esas amigas sabias que tengo, esto es una etapa, pasará. Incluso no hará falta la aclaración de que Carme Chacón no es un florero. No añoraré estos tiempos…
Después esa declaración de la ONU de que los biocombustibles son un “crimen contra la Humanidad”. Que me lo tengo que leer despacio aunque algo ya sospechaba yo muy bajito, pero es que como ponen bio delante parece que engañan…No me atrevo a decir nada, pero yo sigo con el hidrógeno.
Para colmo, el retocado Berlusconi gana por mayoría absoluta. Pero qué paciencia hay que tener.
Y por no extenderme más, este ese tipo de Murcia que se paseaba con la cabeza de su madre bajo el brazo. Aunque esto puede pasar en las mejores familias, la sola imagen da para varios relatos de terror.
Pues ya veis, no me he atrevido ni a abrir el periódico, no vaya a ser que no duerma.
Buenas noches.
Conozco a bastantes, aunque no son la mayoría. Periodistas curiosos, que investigan, que rebuscan en las fuentes, que necesitan “entender” para escribir. Muchos de ellos no saben estarse quietos detrás de una mesa.
Así es David Beriain, con el que tuve la suerte de coincidir en el mismo medio. Os recomiendo que no os perdáis su blog en ADN, En pie de Guerra. Para mi, que sé como trabaja, es uno de esos pocos corresponsales de guerra que lo viven, que son fiables. La gente como David está hecha de otra pasta. Y además escribe maravillosamente. Cuidate David, eso sí.
También estoy muy orgullosa del trabajo que está haciendo Alvaro Mellizo allá en Perú. Hizo una buena cobertura del terremoto y recientemente ha publicado un reportaje sobre los presos españoles en las cárceles peruanas. Conozco a Alvaro desde que nació y desde que era un niño muy pequeño había que dejarle ver el “Telediario”. Hay gente que lo lleva en los genes.
Periodistas de pura cepa. Gente que se moja con esa preciosa profesión.
En las culturas occidentales valoramos mucho la comunicación y además creemos que la comunicación son palabras. Olvidamos los gestos, los hechos y mil otras maneras de comunicación. Entre ellas, el silencio.
No es que estemos equivocados, pero la visión es parcial. El silencio para nosotros es destructivo y una barrera – al menos eso es lo que se deduce de las canciones más populares-, tiene connotaciones negativas porque lo usamos así, para separar, para dividir, para romper. Es un silencio que obliga a tomar otros caminos, un silencio que cierra puertas.
Pero hay más silencios. Está el silencio de la espera. El silencio sereno que sabe que nada puede ser forzado, que espera lo que la vida ha de traerle o no. Es un silencio que, sin ser perceptible, ha estado siempre en nuestras vidas.
Y esta el silencio pleno, productivo, ese que se llena de conversaciones con uno mismo, ese que nos permite hablarnos y eliminar esa incomunicación interior de la que hablaba Natalia Ginzburg. La primera de las incomunicaciones, la que mantenemos con nosotros mismos, necesita del silencio para romperlo. Ese silencio se nos vuelve tangible, como el de Lorca, y nos permite apreciar todo lo hermoso que nos rodea, fundirnos con la naturaleza, sentirnos parte de ella.
Y aquí ya estamos más cerca de lo profundo de nuestro ser y desde esa profundidad hay una forma de comunicación, sin palabras, del alma de uno mismo a la de otro seres queridos, como le ocurre a Siddharta. Estaba tentada de decir que esto tiene más que ver con la filosofía oriental, pero no sé si es del todo cierto. Ya Marco Aurelio decía que hay que mirar dentro, que de ninguna cosa nos pase desapercibida ni su cualidad propia ni su valor.
Así que el silencio no es un castigo divino, ni la maravilla que todo lo resuleve. Hay que mirar dentro, con serenidad, y utilizar las herramientas adecuadas, las que nos llevan a sonreir tontamente por la calle, a sentirnos unidos a las personas que queremos, a sentirnos generosos y libres (y por lo tanto predecibles).
De Bebe, En tu silencio
Como quien tira de una cuerda que se romperá,
tirar, tirar, tirar, tirar, tirar…
Como sin darse cuenta rozar un poco más,
los ojos han cerrado para no afrontar
que el aire es de cristal,
que puede estallar,
que aunque parezca extraño, te quiero devorar.
Que el aire es de crital,
que puede estallar,
que aunque parezca extraño, te quiero devorar.
En una esquina de su boca se dejó estrellar,
como la ola que se entrega a la roca,
perdida en el abismo de unas manos sin final,
tan grandes que abrazaban todos sus planetas.
Ahora no estás aquí,
ahora no estoy aquí,
pero el silenció es la más elocuente forma de mentir.
Ahora no estás aquí,
ahora no estoy aquí,
pero el silenció es la más elocuente forma de mentir.
En tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mi cuerpo habitó
un trozo de tu olor,
en tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mis ojos habitó
un trozo de dolor.
Ahora estás aquí,
ahora estoy aquí,
abrázame para que piense alguna vez en ti.
Ahora estás aquí,
ahora estoy aquí,
abrázame para que piense alguna vez en ti.
En tu siilencio habita el mío
y en alguna parte de mi cuerpo habitó
un trozo de tu olor,
en tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mis ojos habitó
un trozo de dolor.
En tu siilencio habita el mío
y en alguna parte de mi cuerpo habitó
un trozo de tu olor,
en tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mis ojos habitó
un trozo de dolor.
Que el aire es de cristal,
que puede estallar,
que aunque mis labios no hablen,
te quiero devorar.
Abrázame para que piense alguna vez en ti.
Natalia Ginzburg escribió Las Pequeñas Virtudes, unos maravillosos relatos -gracias por regalármelos, tenías razón, son deliciosos- muy bien escritos y muy “diferentes”. Muchos de ellos me gustan por distintos motivos, especialmente el que da título al libro, pero ya que llevo varios días hablando del las diferentes facetas del silencio, escogeré uno titulado así.
En El Silencio la autora habla de él como si fuera un muro interior o en el que nos atrincheramos, incluso a veces de nosotros mismos. Habla del silencio provocado por la culpa y el pánico. No es un silencio productivo como el de Siddharta, ni un silencio táctil como el de Lorca, ni prudente como el del proverbio. Es un silencio que mata por dentro, que pone barreras en lugar de quitarlas. Un silencio que corta el aire, que impide llenar los pulmones. Conozco bien ese silencio. Me hace llorar.
Os dejo un trocito del final:
…El silencio puede alcanzar una forma de infelicidad cerrada, monstruosa, diabólica: puede ajar los días de juventud, hacer amargo el pan. Puede llevar, como se ha dicho, a la muerte.
El silencio debe ser contemplado y juzgado desde un punto de vista moral. Porque el silencio, como la apatía y la lujuria, es un pecado. El hecho de que en nuestra época sea un pecado común a todos nuestros semejantes, que sea el fruto amargo de nuestra época malsana, no nos exime del deber de reconocer su naturaleza, de llamarlo por su verdadero nombre.
¿Cuántas clases de silencio hay?
A menudo se sentaban por la noche en el tronco, junto a la orilla; en silencio escuchaban el susurro del agua, que para ellos ya no era la corriente, sino la voz de la vida, de la existencia, de lo que siempre será. Y a veces ocurría que al escuchar ambos al río, pensaban en las mismas cosas, en una conversación de anteayer, en un viajero cuya cara y destino les interesaba, en la muerte, en su niñez; y los dos, en el mismo instante que habían escuchado del río algo bueno, se miraban mutuamente, pensando ambos exactamente igual, se sentían felices ante la misma contestación por idéntica pregunta.
De Siddharta de Herman Hesse
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