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El silencio, para mi.

En las culturas occidentales valoramos mucho la comunicación y además creemos que la comunicación son palabras. Olvidamos los gestos, los hechos y mil otras maneras de comunicación. Entre ellas, el silencio.

No es que estemos equivocados, pero la visión es parcial. El silencio para nosotros es destructivo y una barrera – al menos eso es lo que se deduce de las canciones más populares-, tiene connotaciones negativas porque lo usamos así, para separar, para dividir, para romper. Es un silencio que obliga a tomar otros caminos, un silencio que cierra puertas.

Pero hay más silencios. Está el silencio de la espera. El silencio sereno que sabe que nada puede ser forzado, que espera lo que la vida ha de traerle o no. Es un silencio que, sin ser perceptible, ha estado siempre en nuestras vidas.

Y esta el silencio pleno, productivo, ese que se llena de conversaciones con uno mismo, ese que nos permite hablarnos y eliminar esa incomunicación interior de la que hablaba Natalia Ginzburg. La primera de las incomunicaciones, la que mantenemos con nosotros mismos, necesita del silencio para romperlo. Ese silencio se nos vuelve tangible, como el de Lorca, y nos permite apreciar todo lo hermoso que nos rodea, fundirnos con la naturaleza, sentirnos parte de ella.

Y aquí ya estamos más cerca de lo profundo de nuestro ser y desde esa profundidad hay una forma de comunicación, sin palabras, del alma de uno mismo a la de otro seres queridos, como le ocurre a Siddharta. Estaba tentada de decir que esto tiene más que ver con la filosofía oriental, pero no sé si es del todo cierto. Ya Marco Aurelio decía que hay que mirar dentro, que de ninguna cosa nos pase desapercibida ni su cualidad propia ni su valor.

Así que el silencio no es un castigo divino, ni la maravilla que todo lo resuleve. Hay que mirar dentro, con serenidad, y utilizar las herramientas adecuadas, las que nos llevan a sonreir tontamente por la calle, a sentirnos unidos a las personas que queremos, a sentirnos generosos y libres (y por lo tanto predecibles).

1 comentario a El silencio, para mi.

  • [...] de curar. A veces no basta con otras que las cubran, aunque ayuden a cicatrizar. En esos momentos amo el silencio. Sin embargo, a veces las palabras son necesarias, precisas, tiernas o divertidas. A veces curan el [...]

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