La Condición Humana
Por fin estoy consiguiendo leerlo. Hace ya al menos dos años que se lo robé a un querido amigo (me lo has regalado, ¿verdad?). Me apasionó desde el principio este libro de Hannah Arendt pero tengo que reconocer que cada página tengo que leerla despacito para no perderme conceptos, para que no se me escape el sentido filosófico último.
Este libro era la prueba de que yo no estaba en forma, allí, sobre mi mesilla, con otros diez libros en dos pilas. Sólo salía la poesía -la pasión es la pasión-, algunos cuentos muy buenos y novelas triviales, pero me sentía incapaz de más. Los libros más densos pero también los más interesantes se apilaban apenas leidos por la mitad. Mis queridos libros cogían polvo y yo tenía la cabeza en otra parte. Los libros, mis compañeros desde pequeña, permanecían cerrados a mi lado. Pero la Ginzburg me despertó, suavemente.
Y ya vuelvo a estar ahí, con ellos, sumergiéndome en sus páginas sin medida, sin horarios, con pasión. Y después de Hannah Arendt creo que irá por fin Stiglizt y su “Malestar en la globalización” - de esta te prometo que lo leo y lo comento en el blog como me pediste- y Edward de Bono, y hasta quizá… Bueno, no vaya a ser como el cuento de la lechera.
Soy feliz, con mis ojos llenos de letras y mi cabeza en otros mundos. Me apetece viajar. Sonrío aunque no me veais. Esa es mi Condición Humana.




