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Por mis particulares circunstancias personales, cambia mucho mi ritmo de vida del invierno al verano. A partir de ahora me esperan dos meses sin vacaciones pero con otro aire, mucho más relajado, pero también más caótico y agitado.
Suelo aprovechar esta época para, usando mis proverbiales listas, hacer cosas que en otra época me resultan difíciles. Por ejemplo, hoy me he apuntado a la piscina, esta misma noche, dentro de un ratito, retomo la lectura en francés y además he previsto recuperar formación en tres temas profesionales -de los que ya tengo la documentación- además de preparar la navegación de septiembre (tengo la guía de las Cícladas en mi mesilla).
En fin, que de todo un poco. Aunque lo que más me gusta, más aún que todo lo anterior, es eso de vivir al aire libre, de caminar al sol y por la playa, de cenar en la mesa de fuera con la luz de las velas y un buen rosado fresquito (como este sábado), o hacer una sardiñada al lado de un cerezo…
De esas maravillosas que canta Silvio Rodríguez, Locuras que no vale la pena curar…
Hay locuras para la esperanza,
hay locuras también del dolor.
Y hay locuras de allá,
donde el cuerdo no alcanza,
locuras de otro color.
Hay locuras que son poesía,
hay locuras de un raro lugar.
Hay locuras sin nombre,
sin fecha, sin cura,
que no vale la pena curar.
Hay locuras que son
como brazos de mar:
te sorprenden, te arrastran,
te pierden y ya.
Hay locuras de ley,
pero no de buscar.
Hay locuras que son la locura:
personales locuras de dos.
Hay locuras que imprimen
dulces quemaduras,
locuras de diosas y de Dios.
Hay locuras que hicieron el día,
hay locuras que están por venir.
Hay locuras tan vivas,
tan sanas, tan puras,
que una de ellas será mi morir.
Me quedo con las locuras que son poesía.
El tiempo pasa…
Lo canta Sinatra y todos vemos esa escena de Casablanca.
You must remember this:
A kiss is still a kiss,
A sigh is just a sigh.
The fundamental things apply
As time goes by.
And when two lovers woo
They still say: ‘I love you’.
On that you can rely,
No matter what the future brings,
As time goes by.
Moonlight and love songs,
Never out of date.
Hearts full of passion,
Jealousy and hate.
Woman needs man,
And man must have his mate.
That, no one can deny.
It’s still the same old story,
A fight for love and glory,
A case of do or die.
The world will always
Welcome lovers
As time goes by.
Las canciones de amor y la luz de la luna nunca pasan de moda…Me voy a disfrutar de una noche tranquila porque ya lo dice la canción, el futuro ya veremos que nos trae. Quizá podamos bailarla juntos.
Por un motivo cualquiera estuve releyendo poemas de Salinas y de Neruda, así que hoy hago una vuelta a mis clásicos y os dejo con el Lamento Lento de Neruda:
En la noche del corazón
la gota de tu nombre lento
en silencio circula y cae
y rompe y desarrolla su agua.
Algo quiere su leve daño
y su estima infinita y corta,
como el paso de un ser perdido
de pronto oído.
De pronto, de pronto escuchado
y repartido en el corazón
con triste insistencia y aumento
como un sueño frío de otoño.
La espesa rueda de la tierra
su llanta húmeda de olvido
hace rodar, cortando el tiempo
en mitades inaccesibles.
Sus copas duras cubren tu alma
derramada en la tierra fría
con sus pobres chispas azules
volando en la voz de la lluvia.
Un poquito triste pero tan intenso…
Sigo con mis gestos hermosos. Este me lo recordaron aún este domingo.
Conocí a una de esas personas que muestran genuino interés por los demás, una de esas que no te analizan cuando te escuchan, sino que te acogen y te envuelven.
Si vamos al gesto, consiste en la cercanía, en mostrar tu interés sin rodearlo de cortesía social, sólo porque él otro es él (o ella) y te importa. Se usa el cuerpo, el corazón y, también, el cerebro, claro, pero no manda. Nunca manda el cerebro.
Daría algo por tener ese don de dar calor sólo escuchando.
¿Generosidad? Bonita forma de amar
Esta temporada me ha dado por sentir, por vibrar, por disfrutar y dentro de esa categoría entran esos gestos hermosos que a veces nos dedicamos unos a otros.
Por empezar por uno, está el “mirar bonito”. Se puede hacer con muchas personas: con tu hija, con tu hermano, con tu mejor amiga…y siempre es maravilloso, siempre con los ojos iluminados por el cariño.
Pero hay una forma especial de “mirar bonito”: cuando un hombre enamorado te mira de frente y pone la sonrisa, el deseo y la ternura mezclados y te los regala con el brillo de sus ojos.
Y aunque es una fiesta que alguien te mire así -puedo dormirme y depertarme con esa mirada dentro de mi- es mejor aún ser capaz de mirar así, es un don que la vida te ha dado.
Siempre me ha gustado esta noche, desde niña, como os contaba hace dos años, recogía maderas para quemar en la hoguera de mi barrio. O ponía pétalos de rosa en agua.
El año pasado eludí finalmente la herba de namorar, no vaya a ser que funcione, y una tenga que apechugar con las consecuencias.
Este año, como buena meiga, me voy en busca das sete herbas: fiuncho, herba de san xoán, herba luisa, malva, romeu, fento macho e codeso. Deixareinas na auga toda a noite e voume de xolda. Mañá lavarémonos con ela despois de estar o relente.
Me gusta la juerga, me gusta cantar y bailar, saltar las hogueras, pedir deseos y llenar de magia infantil una noche del año. Los ritos son importantes. Y yo voy a echar os demos si é que ainda nos se foron eles sos.
Como escribió Eladio Rodríguez en su Breviario Enciclopédico:
Noite de San Xoán: noite na que parecen realizarse tódalas marabillas. Acandense nas cidades, vilas e aldeas as tradicionais lumeiradas, arredor das cales canta a mocidade, baila e brinca por riba das chamas;…póñense ó relento herbas e plantas recendentes, mergulladas en auga, e nesta auga sanadora lávase a mañá seguinte toda a familia, na crenza de ver curadas as erupción do cute que padecen; tómanse as doce da noite as nove ondas do mar…; e tales vistudes salutíferas e purificadoras teñen as augas nesta noite única, que tamen posúen facultades prolíficas para a moza que acade colle-la flor de auga fría.
Boa noite, noite de meigas.
Actualización: nos hemos ido de excursión por los alrededores – lo que tiene vivir en el monte- y hemos encontrado sólo algunas de las básicas (helechos, anís, xesta y malva) y hemos completado con laurel, hoja de naranjo, hoja de higuera y para remate, pétalos de rosa. ¡Hala! A macerar.
De Monteverdi.
Es lo que he elegido para esta noche de viernes. Quizá porque la música clásica es una de mis “nuevas” adicciones. Así que se agradecen sugerencias.
Quizá porque me recuerda un día y una hora que querría olvidar, pero no se puede enterrar el pasado, no así.
Os dejo un enlace a you tube para que la escuchéis.
Y este es el final del lamento….
mirate di che duol m’ha fatto erede
l’amor mio, la mia fede, e l’altrui inganno.
Così va chi tropp’ama e troppo crede.
Pero cada uno es como es y la fe y la confianza se llevan dentro.
Y es que hasta hace dos días antes de las elecciones, se le llenaba la boca a Zapatero con su política de inmigración y ¡hasta parecía humano! Pero no, nos engañaban con su palabrería como siempre, ya se ha visto.
Es una desverguenza lo que estamos haciendo con los inmigrantes. En lugar de que Europa se ponga al frente de la lucha contra la desigualdad y el hambre en el mundo -algo que reduciría la necesidad de dejar sus hogares- pues no, nos ponemos a analizar cómo los devolvemos, dónde los dejamos aparcados hasta entonces. Patético. Es que no tengo palabras para tanto cinismo y tanta gilipollez.
Supongo que lo hacen porque creen que es lo que queremos, pues a ver si se enteran: no es lo que queremos, ¡no lo es! Creo que Borrell y Obiols votaron en contra -dice Ignacio Escolar en su blog- así que mi enhorabuena para ellos. Aún queda una pizca de coherencia.
Que quede claro: queremos que se trate a todas las personas como tales, queremos que dejen de morir en los cayucos (ayer casi 100) arriesgándolo todo para aparecer en nuestros paises a malvivir a escondidas y explotados, no me importa tener algo menos si eso sirve para que ellos tengan algo más. Ni un paso atrás: son personas.
Ya estamos casi en la mitad de año, así como quien no quiere la cosa. Ya ha pasado la feria del Libro, que es el final de la primavera y marca la última fecha apetecible, para mi que soy de pueblo, para ir a Madrid hasta los conciertos de otoño; en un par de días el curso habrá terminado -ya he corregido los trabajos-, y pasaremos el solsticio saltando las hogueras de San Juan, con sus correspondientes sardiñadas (de momento tengo tres a la vista).
A principio de año decía yo que sería mágico pero no me ha salido el año como pensaba, que ya se sabe que la vida va a su bola. No, no es que me esté quejando, que aquí estoy escribiendo contenta, pero me parece que la segunda parte será mucho mejor. Así que voy a “purificarme” en San Juan, a hacer todos los ritos (ya os iré contando) para tirar lo viejo que no me sirve y dejar sitio para la (a)ventura que la vida quiera traerme este semestre.
De momento, llevo un tiempo intentando tirar el estrés y para hacer sitio a la tranquilidad y la ternura. Así que cada noche salgo afuera y respiro hondo, oliendo y escuchando, sin más.
A ver si me da tiempo a hacerle un hueco más grande a la alegría. Caminaré descalza pisando la hierba.
Pues así, muy liada con temas diversos que hacen que preste poca atención a la actualidad y que casi casi esté centrada en el trabajo, el estudio y en mi gente.
No se me escapa, sin embargo, como evoluciona lo de Birmania, que me ha traído a mal traer todos estos días; ni las huelgas previstas y las revueltas que se organizan por las subidas de precios (pescadores, transportistas…); ni las declaraciones de Ban Ki Moon pidiendo que se aumente la producción de alimentos, ni la enésima redada a la pornografía infantil que da un asco leerlo que uno ya no puede más; ni la caída del consumo y la subida del desempleo…
Pero, y puede que sea una estrategia de evasión, dedico más tiempo a Confucio y a Buda, a ver la tele -el trabajo es el trabajo pero este además distrae- y a pensar en cosas bonitas: el olor de la hierba y del olivo al llegar a mi casa, el colorido de la ensalada que acabo de preparar y el sonido de las chicharras.
Porque no poseemos a nada ni a nadie, sólo lo que hay en nuestro interior es verdaderamente nuestro.
Buenas, buenísimas noches.
Del aferramiento surge el sufrimiento; del aferramiento surge el miedo. Para aquel que esta libre de aferramiento ni hay dolor ni mucho menos miedo
Dhammapada, El Camino de la rectitud. Buda

Cada uno guardamos nuestra cajita de herramientas y dentro de ella cada cosa nos sirve para algo.
Con los años he hecho acopio y, además, he aprendido a manejarlas mejor:soy diestra usando el aire libre y el deporte para quitar esa melancolía pesada, una especialista usando los libros y la música para volar, la cocina para mimar y el cine para descansar. El mar para todo…
Tengo muchas, muchas más, menos obvias, más personales. Pero hoy ya no voy a escribir más. Mis botas están polvorientas de jugar en el campo y me he ganado un té sin hacer nada, sólo oliendo esta noche de primavera.
Pero tú, si quieres, puedes hablarme. Tu voz hará que se vaya el frío.

Hace un ratito…
Ya os decía yo que seguro que Verme también andaba preocupado con esto de la escasez de alimentos baratos y de la producción de biocombustibles. Lo comentábamos tomándonos un café esta semana y me pasó este enlace a Rebelión que , por lo autorizado, es muy aclaratorio, al menos para mi lo ha sido.
Sigo pensando que hay más, que hay mucho de especulación pero vamos, que al menos he entendido a la ONU y su declaración de “crimen contra la humanidad”.
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