Sigo con mis gestos hermosos. Este me lo recordaron aún este domingo.
Conocí a una de esas personas que muestran genuino interés por los demás, una de esas que no te analizan cuando te escuchan, sino que te acogen y te envuelven.
Si vamos al gesto, consiste en la cercanía, en mostrar tu interés sin rodearlo de cortesía social, sólo porque él otro es él (o ella) y te importa. Se usa el cuerpo, el corazón y, también, el cerebro, claro, pero no manda. Nunca manda el cerebro.
Daría algo por tener ese don de dar calor sólo escuchando.
¿Generosidad? Bonita forma de amar



