Por mis particulares circunstancias personales, cambia mucho mi ritmo de vida del invierno al verano. A partir de ahora me esperan dos meses sin vacaciones pero con otro aire, mucho más relajado, pero también más caótico y agitado.
Suelo aprovechar esta época para, usando mis proverbiales listas, hacer cosas que en otra época me resultan difíciles. Por ejemplo, hoy me he apuntado a la piscina, esta misma noche, dentro de un ratito, retomo la lectura en francés y además he previsto recuperar formación en tres temas profesionales -de los que ya tengo la documentación- además de preparar la navegación de septiembre (tengo la guía de las Cícladas en mi mesilla).
En fin, que de todo un poco. Aunque lo que más me gusta, más aún que todo lo anterior, es eso de vivir al aire libre, de caminar al sol y por la playa, de cenar en la mesa de fuera con la luz de las velas y un buen rosado fresquito (como este sábado), o hacer una sardiñada al lado de un cerezo…




