Me pasa siempre que llamo a algunos amigos, pero especialmente a uno. No sé por qué, su teléfono no reconoce el mío así que siempre es una sorpresa cuando me responde. Invariablemente, al reconocer mi voz le siento sonreir donde sea que esté. Me hace feliz. Tanto como infeliz -bueno quizá menos infeliz- que me pase lo contrario, que también me pasa a veces, ¿eh?.
Hoy no me encuentro bien, debo de tener un virus y llevo horas trabajando y dopándome. Me han llamado esta tarde, con esa sonrisa puesta y el día, de repente, fue más luminoso.
Ole por la gente que sabe hacer esos gestos maravillosos.



