Esta tarde me ha llamado un cliente que está de vacaciones en Italia. Salía de Florencia hacia Venecia y, de repente, me he visto transportada allí, a una terracita en la plaza del Il Duomo, subiendo las miles de escaleras del campanario, visitando la tumba de Miguel Angel o admirando a Giotto en Santa María Novella y, mi principal frustración, haciendo cola sin poder entrar en el Palazzio dei Ufficci para ver el Nacimiento de Venus, por ejemplo.
He estado dos veces en Florencia, de formas muy diferentes, y ninguno de los dos viajes fue a mi estilo: la primera vez muchos sitios en poco tiempo, un atracón , aunque me sirvió para saber adonde debo volver; y la segunda demasiado organizado (aunque tengo que agradecer las excelentes explicaciones de la guía que nos acompañó).
Pero la belleza de la Toscana y de Florencia se imponen a cualquier inconveniente e incomodidad y cuando recuerdo esos días sólo veo mis ojos y mi alma llenos de belleza, de colores y de maravillas. Uno puede volver a querer a la humanidad por muy descreido que esté si va a Florencia.
Sé que debo volver, pero no de cualquier manera, sino organizando la visita a mi manera, tranquila, quizá sola, para poder paladear una y otra vez cada maravilla.
Un día de estos, uno cualquiera….Sí, me muero de ganas de volver.



