Así se llama el último informito que se han inventado hace unos años las grandes corporaciones. Leo en Cinco Días que toda gran corporación que se precie ha de tener uno y, por supuesto, es más creíble si le pagamos a una consultora internacional para que lo verifique.
Dejad que me ría un rato.
Después de ver cómo se mueren los inmigrantes en las pateras, me importa tres pitos si KPMG certifica o no la enorme memoria de RSC de los grandes bancos. Es que gastarme dinero en toda esa burocracia me parece la última locura del siglo.
Sí, ya sé, es importante que las grandes empresas tomen conciencia de lo importante que es que devuelvan a la sociedad una parte de lo que ganan. Hasta ahí, todavía, pero llegar a esperpento de machacar a sus empleados con objetivos renovables cada cinco días, haciendo horas extras sin cobrar y después llenarse la boca con la memoria de RSC me parece como poco cínico.
Estoy harta de estas modas de tres al cuarto, es más, me parece que la RSC o el cuidado del medio ambiente deberían formar parte, necesariamente, del mundo empresarial como tal, pero que no debe dejarse a la empresa privada que gestione las necesidades comunes ni tampoco al estado las empresas.
Sé que muchos no estareis de acuerdo, pero las cosas cuando mejor funcionan es cuando cada uno hace su papel y con honestidad, lo demás, paños calientes, quedar bien y dar de comer a gente que no produce nada más que papeleo y burocracia.
No quisiera ofender a nadie, si es así, espero que disculpeis mi ignorancia porque sin duda mala intención no hay.



