Ayer se murió la abuelita de mi mejor amiga desde pequeñas. Como somos amigas hace tanto, casi como hermanas, conviví mucho con ella. Por lo que sea, hace ahora muchos años que no la veía, así que todos mis recuerdos son antiguos, de una abuela aún joven, estupenda, fuerte, listísima y sonriente.
Niñas, no sé si os acordais las dos, pero fijaos que una de las últimas veces que la vi fue cuando lo de las cataratas y ya hace un montón de años de eso. Todavía vuestros padres andaban con el cambio de casa. Se me vienen ahora sus ojos brillantes, un poco húmedos, como con un velo cuando me contaba en la cocina de la casa vieja.
Nunca tuve ocasión de que me mimaran mis abuelas, pero para eso estaba ella. Siempre me trató con un enorme cariño, siempre nos decía cosas preciosas. Nos veía listas, guapas, maravillosas. Y qué importante es eso cuando se tienen 15 años….
Cuando nuestros primeros amores le gustaba preguntar y recuerdo sus consejos y máximas que nos impactaban a nosotras, tan ingenuas: “Home chorón nunca é bon”, decía. ¡Cómo me gusta recordarla! Todo un carácter.
No sé cómo expresar mi agradecimiento por todo el cariño y el mimo que me regaló.
Está para siempre con nosotras, en nuestro corazón.



