Creo que no os he contado que me han regalado un cuenco tibetano por mi cumpleaños. Lo cierto es que no tenía ni idea de sus usos, pero aún así me puse a trabajar con él. Su sonido y su vibración me han enganchado para siempre. Soy una adicta a mi cuenco tibetano.
Si leéis este artículo entenderéis un poco más de qué hablo.
Los efectos que noto, así, de entrada, con mi pequeñísima experiencia, son que ahora recuerdo mis sueños con frecuencia, parece que con esta meditación más concentrada (el sonido ayuda) mejora mi agudeza intelectual y me siento más despejada (bueno, milagros no hace, ¿eh?).
Si me curara algunas dolencias ya sería la pera. Seguiré practicando, a ver…Y os contaré.



