Es una cita de Juvenal que se aplicaba no exactamente como hoy en día sino que más bien venía a significar la búsqueda del equilibrio entre el cuerpo y la mente. Y esto viene por una reflexión que hacía hace poco con Lizard.
La cosa es que uno tiene un espíritu, un alma e intenta convertirse en una persona buena. Después consideramos que tenemos una mente, un intelecto, que hay que cultivar para convertirnos en personas inteligentes y hasta, llegando un poco más allá, sabias. Pero en este perfil de personas muchas veces uno tiende a dar menos importancia al cuerpo, de alguna forma se menosprecia la, llamémosle así, “belleza”.
La cuestión está en que esa belleza no la entiendo como hoy lo hace el márketing o la moda. La belleza es un equilibrio interior, un carácter, que se refleja en un cuerpo cuidado. No se trata de perseguir ideales utópicos o de pretender aparentar lo que uno no es sino más bien al contrario: armonizar y transmitir toda esa vida interior cultivada a un cuerpo que también lo esté.
Hace tiempo que sostengo que la cultura, como tal, debe abarcar todos nuestros aspectos y el físico es uno de ellos. Sin caer en músculos o cirugías excesivas que vienen siendo muchas veces de tan mal gusto como la pedantería o la mojigatez.
¡Hala! Ya que de economía ni un comentario me dejáis, de esto opinaréis ¿no?



