Cada vez soy más clásica. Me explico.
Hace años me gustaba el fútbol y vino aquella fiebre en la que uno podía hasta ser maleducado en nombre de los colores de su equipo, darle prioridad a ese deporte frente a la familia y los amigos (unos abuelos dejaron a medias la fiesta del bautizo de su nieto por ir al campo). Decidí que aquello no era lo mío. Y ahora practico algo de natación y de vela, paseo y poco más.
Después le tocó el turno a la tele- y mira que vivo en parte de ella- pero la saturación de programas de cotilleo y realities llenos de “superestrellas” de tres al cuarto acabó con mi paciencia. Ahora sólo la enciendo para ver películas en DVD, muchas más antiguas que yo y en blanco y negro.
Con los libros siempre tuve menos veleidades, quizá porque sé un poco -muy poco- que de otras cosas. Nunca se me dieron bien los “bestselleristas” nacionales ni internacionales pero tengo que reconocer que antes miraba atentamente las novedades. A mi, que me gusta el terror y la novela gótica, la poesía y el relato fantástico, la vida me demostró que en esos terrenos lo mejor es escoger a los maestros de siempre, que se arriesga mucho en este campo (y en muchos otros, claro, ¿qué decir de la novela histórica?). Así que vuelvo a Lewis, Lovercraf, Lorca o Borges sin cortarme un pelo. ¡Aún me queda tanto sin leer!
Y así podría seguir con la música, la pintura, etc.
Vamos, que me he vuelto clásica y conservadora, parece. Creo que necesito que me aconsejeis para arriesgar con más criterio.



