Varias veces en mi vida han intentado hacerme tragar con decisiones que yo no había tomado y han intentado que las haga mías. He tenido jefes que me daban una orden de palabra a sabiendas de que si la ejecutaba yo, era quien iba a aparecer como responsable.
Me pasó la primera vez con el despido a una embarazada. Me negué a ejecutarlo y esa misma tarde dimití de mi trabajo.
Quizá por eso, lamento que en caso del Yak-42 al final la cosa se reduzca a enviar a la cárcel al General Vicente Navarro. Lamento que no haya ningún político con suficiente honestidad para decir “yo di la orden” y entiendo al General: si asumió antes la responsabilidad, ahora disciplinadamente carga con las consecuencias. Lo que tengo claro es que hubiera tenido que cargar con ellas de todas formas porque si te resistes al abuso de poder eres un proscrito.



