La sensación de ser comprendido, la de que te hacen justicia, la de apoyo vehemente, la de no sentirte sola frente a tus miedos -que casi siempre son más grandes que uno mismo-, la de ver que valoran tu esfuerzo, la de una sonrisa cómplice o un cansancio compartido.
Hace sólo unos días me sentí así y di gracias a mi ángel de la guarda por reservarme esos preciosos momentos.



