Entre la fidelidad y la lealtad, no sé porqué siempre me quedé con esta última, siempre me pareció que tiene un componente de amor, de elección personal más fuerte. Asocio la fidelidad a sumisión y convencionalismo, aunque seguramente es eso, una asociación personal.
He intentado ser leal -que es tanto como comprometerme cariñosamente- con las personas y proyectos de mi vida, aunque no siempre me haya salido bien. En lo relacionado con la amistad quizá alcanza mi lealtad el grado más alto. Muchas veces he puesto en mi vida la amistad delante de intereses más egoístas y me he mantenido leal a los amigos. La amistad -vuestra amistad- es uno de mis más preciados tesoros.
Últimamente me ha dado por pensar que también a mi misma me debo esa lealtad y que eso no es egoísmo, es dejarme crecer sin tantas angosturas. Hay que quererse como uno quiere a los demás: con devoción y con humildad. No pretender que nuestros principios están ahí sin haber sido duramente trabajados, no pretender renunciar a afectos sinceros por caprichos sociales, no confundir el amor verdadero -tan raro y precioso- con las aventuras pueriles.
Nos debemos, también a nosotros mismos, esa oportunidad de ser felices.
PD.- La foto es del Cap de la Hague y creo que la hizo Marga. Gracias.



