Como todos los años, cumplo con mi ritual de escribir la noche de San Juan.
Aunque hoy no he saltado hoguera, he disfrutado de la fiesta con mi gente. He disfrutado mirando las caras alrededor de las brasas, riendo entre amigos. Necesitaba hoy alejarme de caras extrañas. Necesitaba pasar esta noche de renovación bien pegada a mis raices.
Y, sin embargo, a pesar de tanto reir, tengo ganas de llorar. Es la morriña. Y la morriña es traidora.



