Siempre he confiado en el valor del trabajo, y no me refiero al remunerado, me refiero a dedicar tiempo y esfuerzo a las actividades o personas que me interesan.
Creo que una medida de la vida de uno es a qué dedicas tiempo y cerebro -dentro de la capacidad de elección de cada uno- y qué te importa de verdad.
Y eso incluye las relaciones de cariño. Por supuesto está el sentimiento, pero hay que actuar en consecuencia, sino en el mejor de los casos se tratará de buenas intenciones.
Hay que dedicar tiempo de calidad a la gente que queremos, tenemos que escucharles con el corazón y dedicar esfuerzo y ganas a estar con ellos, ser leales, paliar su soledad -esa que yo creo que todos llevamos dentro-, hacer depósitos de cariño y atenciones (acabo de leer un libro sobre esto, ya os contaré) y trabajar por objetivos comunes, renunciar a lo que nos separa, crecer con ellos y gracias a ellos.
Y digan lo que digan, crecer a veces duele y no siempre es fácil.



