El post anterior venía a cuento para explicaros mi forma de funcionar con esto de la planificación. Ya visteis que el mes pasado hice balance -mi ejercicio va como el curso escolar de septiembre a septiembre- y que ahora me toca planificar, pues.
Suelo hacer esto:
- Establezco objetivos en cada una de las áreas de interés definidas que tienen que ver con mi desarrollo personal, profesional, emocional, etc. Por ejemplo, potenciar mi actividad física.
- Los traduzco en acciones concretas, que después planificaré en detalle. Por ejemplo, patinar y nadar. Tendré que apuntarme a una piscina…
- Les adjudico tiempo y presupuesto económico, en su caso. Para nadar me pongo dos días a la semana y asigno un presupuesto, para patinar un par de horas cada dos fines de semana.
Si no pensáis aún que estoy loca, seguid leyendo.
Y después… hago lo que me da la gana, lo que puedo, lo que la vida me deja.
Y diréis, ¿para qué planifico antes? Os lo explico con otro ejemplo: en mi anterior trabajo siempre me decían que soy muy “teórica” -con cierto menosprecio por parte de algunos- y siempre les respondí lo mismo: para ser un buen ejecutor, a veces hay que seguir la teoría y a veces no, pero hay que conocerla para saber cuándo saltársela.
Digamos que esta forma de planificar me ayuda a mantener un rumbo… más o menos, que los que somos un caos tenemos que buscar herramientas.



