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Pantin Classic

Si yo volviera a nacer, sería surfera.

Me encanta este deporte. Me chifla el mar, las olas, la potencia y la energía que hay que poner en él. Es bello.

Hace ya muchos años que fui por primera vez a la Pantin Classic, que es una de las pruebas del campeonato del mundo de surf -toda la información la tenéis en esta web- que se celebra desde hoy mismo hasta el sábado. Me impresionó tremendamente  esa forma de vivir el mar y, ya que no tengo edad ya para ponerme con esto -no, no digais que sí, que una conoce sus límites- al menos disfruto viéndolo.

Además, el escenario es inmejorable: Pantín es una playa preciosa.

Os animo acercaros a ver alguna prueba y sino, no dejéis de visitar la parte de Metereología de la web, no he visto tantos enlaces todos juntos! Según Windgurú no habrá mucha ola. El mejor día, el jueves, de momento.

Después del amor, después de la tierra

Después de pasarme medio día entre poemas -qué lujo- una ya no sabe cuál dejaros, llenos los ojos de las imágenes de Luis Rosales, de Carlos Bousoño, de Rubén Darío, de mi querido Pedro Salinas…

Me decido por un fragmento  de “Después del Amor” de Miguel Hernández. Disfrutadlo.

(…)

Los secos vientos no pueden
secar los mares jugosos.
Y el corazón permanece
fresco en su cárcel de agosto
porque esa voz es el arma
más tierna de los arroyos:

«Miguel: me acuerdo de ti
después del sol y del polvo,
antes de la misma luna,
tumba de un sueño amoroso».

Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, todo.

Pues eso, todo.

Cine, cine, cine…

Con tanto reencuentro, me descubro continuamente recordando mi infancia.

Recuerdo que íbamos al cine que tenía mi tío en Valdoviño. Nos dejaban pasar al lugar desde donde se proyectaba la película y podíamos jugar entre las butacas vacías. Apenas recuerdo ver películas en aquel cine, sino más bien una especie de sorteos navideños en los que casi todo el mundo se llevaba un regalo.

Recuerdo que en mi cole proyectaban películas los sábados de invierno por la mañana. Las monjitas tenían una pantalla en el enorme salón de actos, demasiado grande y demasiado frío. Nos ponían las típicas películas de Marisol, Marcelino Pan y Vino o las de Pili y Mili. ¿Las recordais?

Pero mi recuerdo más nítido relacionado con el cine, es de bien pequeña. recuerdo estirar la manita y el brazo para poder poner la peseta en la taquilla -una vez por semana como mínimo- y separarme después para ver la cara de la señora que vendía las entradas en el Cine Madrid- París, mientras le decía:

- “Dos para El Doctor Zhivago” (Armando y yo éramos inseparables, como ya sabéis).

- Es para mayores de 14?, me respondía ella.

- Da lo mismo, a ver si nos dejan pasar…

Se encogía de hombros y cortaba las entradas.

El acomodador, con algunas reticencias, nos dejaba pasar.

Recuerdo que cuando salí de la película pensé que era muy bonita pero que no había entendido nada.

Donde nos costaba más que nos dejaran pasar era en el Jofre, que era donde pasaban todas las de “Trinidad” que tanto le gustaban a Armando. El no colaba, yo sí.

No estoy nada segura de que mi madre supiera de nuestras andanzas.

Os dejo los enlaces a las fotos de Iacubs y Silandeira -la foto es de ella, gracias por prestármela- sobre el Cine Radio, que tanto me recuerda al de mi tío.

Actualización:  De acuerdo con Lizard- muchas gracias, cómo se me puede haber pasado!- os dejo el enlace a “Los fantasmas del Roxy” de Joan Manuel Serrat. Qué paséis un buen domingo!

Mi querido cerebro

Este verano está haciendo las cosas más dispares, está teniendo que asimilar una gran cantidad de situaciones diferentes y me está engañando, como siempre hace, con esa mala memoria piadosa que me permite seguir adelante como si no pasara nada.

” Tu cerebro miente. (…) Las mentiras de tu cerebro sirven a tus intereses -la mayoría de las veces-, pero también llevan a cometer errores predecibles”

Este es el principio de un libro que he llevado de paseo medio verano : “Entra en tu cerebro de Sandra Aamodt y Sam Wang. Es un libro fácil de leer -aunque a veces un poco flojo en cuanto a la forma en la que está escrito-, divulgativo y con muchas anécdotas divertidas.

He leído, entendiéndolos a medias, libros mucho más sesudos de neurología -el funcionamiento del cerebro me apasiona- pero este ha sido el más aclaratorio.

Eso sí, aunque deja clarito que de mi tramposo y eficaz cerebro se puede explicar la actividad del córtex frontal reducida en un momento determinado,  nadie sabe cómo cambiar eso, afortunadamente. El libre albedrío -aunque cuestionado- existe.

Ojo con los neurotransmisores. No los perdáis de vista. Creo que les voy a dedicar un post. Hace mucho que son viejos amigos míos: de hecho esta categoría se llama endorfinas, que son las que fomentan la alegría, el placer y palían el dolor. ¡Queridas endorfinas!

Planificar… para saltárselo

El post anterior venía a cuento para explicaros mi forma de funcionar con esto de la planificación. Ya visteis que el mes pasado hice balance -mi ejercicio va como el curso escolar de septiembre a septiembre- y que ahora me toca planificar, pues.

Suelo hacer esto:

  • Establezco objetivos en cada una de las áreas de interés  definidas que tienen que ver con mi desarrollo personal, profesional, emocional, etc. Por ejemplo,  potenciar mi actividad física.
  • Los traduzco en acciones concretas, que después planificaré en detalle. Por ejemplo, patinar y nadar. Tendré que apuntarme a una piscina…
  • Les adjudico tiempo y presupuesto económico, en su caso. Para nadar me pongo dos días a la semana y asigno un presupuesto, para patinar un par de horas cada dos fines de semana.

Si no pensáis aún que estoy loca, seguid leyendo.

Y después… hago lo que me da la gana, lo que puedo, lo que la vida me deja.

Y diréis, ¿para qué planifico antes? Os lo explico con otro ejemplo: en mi anterior trabajo siempre me decían que soy muy “teórica” -con cierto menosprecio por parte de algunos- y siempre les respondí lo mismo: para ser un buen ejecutor, a veces hay que seguir la teoría y a veces no, pero hay que conocerla para saber cuándo saltársela.

Digamos que esta forma de planificar me ayuda a mantener un rumbo… más o menos, que los que somos un caos tenemos que buscar herramientas.