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Céramo

Foto de Xurxo do Medio, tomada de su galería en Flickr

Foto de Xurxo do Medio, tomada de su galería en Flickr

Llegamos a una hora en que ya hasta en verano se alargan las sombras y bajamos presurosos la cuesta pensando en parar poco rato, unas fotos y a Ferramulín, con los ojos aún llenos de colores de la Devesa da Rogueira.

Como un escuadrón, todos con sus cámaras se dispersaron por las casas abandonadas de la aldea. Un aldea recortada contra el monte, con los tejados de pizarra y el sonido del agua descendiendo.

Nos metimos entre las ortigas, comprobamos que no repirar cuando las tocas no siempre sirve…

Acababan de regresar a casa de un funeral, así que vienen arreglados. Sólo abren la casa algunos fines de semana y sobre todo en verano. Esperanza nos invita a un café. Mientras lo prepara trepamos por todas partes, corremos tras los gatos de la única casa habitada todo el año -una madre y sus dos hijos, que son ya unos rapaces- y bajamos la cuesta hasta la entrada de la cocina de Esperanza.

Entramos. Nos enseña la casa. Grande, pasillo largo y, al final, en la parte de atrás, un manantial con el agua más fresca que haya probado. Bebemos con gusto y volvemos a la mesa de la cocina a charlar y disfrutar del olor a café.

Nos cuenta que viven en Tuy. Que allí, en el Caurel, en Céramo, no hay quien pare, que se pasan muchas penurias. Nos habla del aislamiento del invierno, de los hijos que no quieren volver, de su infancia….El café riquísimo con el agua de la fuente.

Salimos y charlamos aún un buen rato. Siguen cayendo las sombras en un paisaje que no te cansas de mirar, en una paz que invita a quedarse, en unos colores que van volviéndose más tenues poco a poco.

Inolvidable. Menos mal que quedan las fotos. Vamos a Ferramulín. Pero esto es otra historia…

Sin palabras

La columna de hoy en La Voz de Galicia de César Casal, porque hay que recordarlo, aunque haga daño.

Todas las lecciones de vida

Pasé tan sólo unas horas con él, pero para los que somos ya tan antiguos amigos eso suele bastar. Hay tanto dicho, tanto vivido, que empiezas ya a medio camino y con pocas palabras entiendes y hasta intuyes más allá.

Ma habló de todas las “lecciones de vida” -el libro de Elisabeth Kübler- Ross del que os he hablado antes- sin saberlo: de la autenticidad, de la lección de la felicidad, de la lección del poder (una de mis favoritas).

Quizá porque la vida se ha empeñado en colocarlo en una posición difícil, valora más cada pequeño gesto, cada cariño, cada compañerismo, cada experiencia….porque eso nos dijimos riendo, que estaremos cascadillos pero nadie nos quita la intensidad con la que hemos vivido. No, eso es nuestro, también nuestros errores, de los que hemos aprendido, nuestro sentido del humor. Nadie nos puede quitar nuestras risas.

Y tú, hoy, me transmites paz y alegría como nunca. Te quiero.

Qué culpa tiene el tomate

De nuevo Fernanda del Nido, o sea, Tic Tac, acompañada por Jorge Coira en la dirección, nos da otra alegría. Acaban de abrir el MOMA -sí, sí, el de Nueva York- con un pase de Qué culpa tiene el tomate. Han participado seis países iberoamericanos y España. No os perdáis el corte, que es un documento divino y con una calidad fotográfica impresionante. La parte final, Galicia en estado puro, no tiene desperdicio. Es un gran trabajo, fruto, me consta, del esfuerzo personal y del saber hacer de un equipo que se merece estar ahí y que les aplaudan fuerte – así fue- en Nueva York. Lástima que la miopía de los medios locales (gallegos y nacionales) apenas le haya hecho eco a su presencia y se hayan limitado a repetir la nota de la agencia EFE.

Ya le he dicho, este mes están todos mis favoritos en el MOMA: Bauhaus -acaban de regalarme un libro divino sobre su obra-, Tim Burton y Tic Tac.

Noviembre

Frente a la playa desierta,  
oyendo caer la lluvia,
es como si hubiera vuelto
a llorar sobre mi tumba.

Baten las alas (las olas).
Arden sus llamas de espuma.
Aprisionan en sus dedos
la plata que las alumbra.

Todo está fuera del tiempo.
Pasan las nubes oscuras.
La arena, como una carne
sin tiempo, llora desnuda.

Los ojos ya no ven: sueñan.
No atinan con lo que buscan.
Las cosas están enfrente,
mas tienen el alma muda.

Se vertió el vino del ánfora
celeste de la aventura.
Ay alma, por qué volaste
con alas que no eran tuyas.

De José Hierro

Galletas de chocolate

Ayer no me dió tiempo a cocinar ni un postre para la fiesta de los niños. Me da penita pero no llego a todo. Ni mi tarta de galletas -que dicen los enanos que les gusta mucho- ni nada. Me compré una Sacher, exquisita eso sí, en una confitería.

Así que hoy, para compensar, quizás haga algo para el domingo. No sé si repetir las galletas de chocolate, que son muy sanas tal y como las hago. Os cuento:

Pongo un par de huevos de casa con unos 80 gramos de azúcar de caña integral (la receta original decía 100 pero no me gustan tan dulces) y lo bato añadiéndole después aceite de oliva virgen (uno de los pocos que no bloquean las arterias). No me gustan grasientas así que con unos 50 ml es suficiente. Se agrega la harina tamizada, unos 170 gramos, que se puede cambiar por harina de arroz, mucho más digestiva y que hace las galletas más crujientes. Después se incorporan 100 gramos de chocolate de cobertura fundido.

Una vez removido le incoporo el ingrediente diferenciador: 100 gramos de almendras picadas, de nueces picadas o de coco (me encanta el chocolate con coco, desde bien chiquita), o frutas confitadas, o cereales o….Es divertido hacer masa  e ir separando galletas por sabores y tipos.

Después haces pegotes y se ponen en la bandeja del horno. Yo pongo moldes de osito, de corazón, etc pero después apenas de diferencia,¡ se desparraman!

Se hornean a 180º hasta que ves que están hechas, no sé cuanto, ¿veinte minutos? ¿media hora?  No las pases mucho para que no estén secas.

Si les haces para acompañar y mojarlas una crema de vainilla, tendrás un postre estupendo y galletas sanas para que los niños desayunen toda la semana.

Comprensión

Entré en la consulta sin saber muy bien si iba a seguir el consejo de todo el mundo o mi propia intuición y decirle a aquél médico la verdad: que no le había hecho ni caso a su tratamiento y que había tomado otras decisiones al menos temporalmente.

Se lo conté. Su sencilla forma de mirarme  fue muy convincente. Me pareció ofensivo mentirle, como insultar a su humildad y su inteligencia. Así que le conté mi “travesura” con todo tipo de detalles.

Su reacción fue aún mejor: me entendió, me miró como a una persona que debe decidir sobre su cuerpo y su salud y se puso sencillamente a mi lado. La conclusión, su última frase: “Vuelves en tres semanas, hablamos y decidimos juntos qué es mejor que hagas, ¿vale?”.

Una lección de humanidad de un gran médico.

La séptima mesa

Aunque quizás ya lo habéis visto en mis favoritos desde hace días, no había pregonado que Lizard tiene un nuevo blog, La séptima mesa, que promete en sus primeras entradas y, por lo que le conozco, será realmente interesante (no conozco a nadie más capaz de leerse esos ladrillos y endenterlos además). No os lo perdáis. Otra mesa camilla más, otro bar de pueblo al que ir de visita, otro amigo al que acudir.

Suerte y larga vida a la Séptima Mesa

The Clash

Escuchando estos días Radio 3, me entero de que es el 30º aniversario de el mítico London Calling de The Clash un grupo y un álbum que, desde mi humildísimo punto de vista, cambiaron la música. Hace años que no escucho nada de esta banda y me propongo retomar su música, una de mis favoritas en otros tiempos, cuando yo también era algo punk.

De momento un segundo corte, Lost in the supermarket. ¿Quién no se ha sentido nunca así?

Gestión o psicología

Pronto espero tener un blog profesional en el que podamos hablar, mis compañeros y yo, de la economía, el euribor o la gestión de empresas. Mientras tanto voy dejando aquí, de forma coloquial, pequeñas pildoritas.

Os decía, aunque todos estamos cansados y no querermos deprimirnos, que ahora sí que noto la crisis, aunque quizás sea psicológico. Quizás sólo necesite un descanso y dedicar algo más de tiempo a planes de márketing, de desarrollo de negocio o de estrategia. Porque es verdad que mi trabajo de los últimos meses ha ido más enfocado a la negociación bancaria, las garantías o las refinanciaciones ¡Con la dura pelea que eso ha supuesto en estos meses!

Y tengo que reconocer que tener un aguante psicológico potente se ha convertido en fundamental, buscar soluciones creativas es una necesidad y salirse del problema para verlo de lejos, la única manera de salir adelante. A estas alturas ya es más importante ser capaz de negociar que conocer la evolución del euríbor.

Sí, hay que  intuir, escuchar, observar…mucho más que saber, conocer o analizar. ¡La gestión ya no es lo que era!

Difuntos

Gracias a Omiso por dejarme reproducir esta foto de su magnífica galería en Flickr

Gracias a Omiso por dejarme reproducir esta foto de su magnífica galería en Flickr

Una entrada de Pau en Remanso de Jirafas me trae a la memoria la víspera del día de Difuntos en mi infancia.

Yo debía de ser muy pequeña porque el salón de casa estaba aún sin amueblar y nos cambiamos cuando aún no había cumplido los cuatro años, así que tuvo que ser por esa época. Recuerdo que mi madre se ocupaba cada año de limpiar y adornar el nicho del cementerio que era de granito blanco blanco. Lo limpiaba hasta que quedaba inmaculado y ponía unos farolillos de cristal muy bonitos a los lados, con sus velitas dentro, que cambiaban cada pocas horas para que estuvieran siempre encendidas. Me gustaban esas lucecitas. Siempre me he sentido a gusto en los cementerios y con los ritos, tan hermosos.

Mi madre, que siempre ha sido estupenda arreglando flores -todavía ahora es ella quien me prepara los ramos de flores que pongo en casa con lo que encuentra por el jardín- hacía unas coronas de crisantemos blancos para llevar al cementerio. Los crisantemos en sí mismos me parecen bonitos, pero como la madre de Pau, ya para siempre los asocio a Difuntos y no podría relacionarlos con otra cosa. Es curioso. Recuerdo que me daba miedo esos días entrar en el salón. No sé porqué, quizás porque esas coronas  a medio hacer estaban fuera de sitio. No me molestaban en el cementerio. Me resultaba extrañamente macabro verlas allí.

Cuando me castigaban por un capricho, la cosa consistía en estar en una esquina del salón hasta que hubiera reflexionado sobre mi mal genio. Nunca me portaba tan bien como en Difuntos.

Actualización: He incoporado una foto del Cementerio de Oakland tomada por Omiso