Como soy de los de Reyes Magos, no acostumbro a recibir regalos por Navidad, pero siempre son bienvenidos.
Me ha dejado fascinada el que me ha hecho Leiter, a David Zinman dirigiendo el Adagio de la Sinfonía nº2 de Schumann. Ha sido mágico, porque él no podía saber que es una de mis piezas favoritas.
Es como cuando mi chico me regaló la guitarra eléctrica -una Fender Stratocaster- sin yo haber dicho nada. Creo que me eché a llorar y estuve agarrándola y acariciándola horas. Con esa guitarra aprendí a escuchar -a tocar realmente no- heavy metal. Ya tendría yo unos treinta años y quizás fue el último juguete deseado que me regalaron. En esa época no conducía porque un amigo mío- el que perdí este verano- había tenido un grave accidente de coche y yo no era capaz de conducir. Así que iba a clases en autobús con mi guitarra española. Feliz como una cría. Llegaba a casa y solfeaba sobre mis rodillas. (que nadie interprete que sé algo de música o tengo oído, pero eso sí, la música me ha hecho muy feliz muchas veces).
Gracias, Leiter, por recordarme todo esto. Me voy volando que acaba de llamarme un amiguete que hace meses que no veo. Besos, muchos besos



