No sé cuando perdí mi luz. Fue poco a poco.
La busqué inconscientemente en el sol de una playa tropical en invierno, en el colorido de los viajes a lugares exóticos, en la adrenalina del riesgo oculto en los remolinos de un río, en las sonrisas caducas de las fiestas nocturnas.
Triste de tanto echarla de menos, la busqué después, conscientemente ya, hasta en los ojos de la persona amada.
Tuve que despojarme de todo para encontrarla en mi interior. Y ahí está, chiquitita, con un parapeto contra los miedos que me asaltan cada vez que arriesgo el corazón.


