Diréis que soy una meiga, pero tengo presentimientos muy fuertes.
Cuando estoy muy apegada a alguien le presiento, aunque no siempre, claro. Me despierto inquieta en la noche, sin motivo aparente, y a la mañana siguiente veo una nota tuya de esa hora, o a los diez minutos de desvelarme llega un mensaje tuyo a mi móvil (a las cuatro de la mañana!).
Cuando era una niña, presentía la llegada a de mi padre, sabía cuando entraba por la calle. Siempre he estado emocionalmente muy cercana a él. He heredado esto de mi madre, aunque en menor medida que ella.
La misma mañana del temporal en el Canal de la Mancha, a pesar del sol, el bikini y la calma, presentí que algo iba a pasar. Estaba disgustada con “él”, o más bien, conmigo misma. La cosa es que me había ido sin despedirme “como es debido” y no le había escrito en toda la semana fuera. En un momentito con cobertura le envié un sms conciliador, muy cariñoso. Le dije que presentía que algo iba a ocurrir pero que no tenía miedo, que todo saldría bien. Me respondió lindo lindo. Pasamos el temporal, durísimo. Cuando llegué a casa me estaba esperando.



