Estoy a punto, pero a punto, de declararme en rebeldía.
Estoy harta de reformas laborales a medias que no atienden a nada, ni a los derechos de unos ni a las necesidades reales de otros. Una reforma que sólo ayuda a los malos empresarios que, por lo visto, son los que mandan en las organizaciones que importan al gobierno. Quiero flexibilización, dónde está? Quiero protección del buen trabajador. Dónde está?
Estoy harta de reformas de pensiones que sólo contemplan una parte del escenario: cómo dar menos por trabajar más. me siento como si tuviera que pagar millones por un hilillo de agua mientras veo despilfarrar cataratas. De todas maneras, o el giro es inmediato y creativo o lo mismo me va a dar jubilarme que no. Simplemente están promocionando el negocio de los fondos de pensiones. Porque que no me digan que una pirámide demográfica no se ve venir, por Dios!
Estoy harta de esta bancarización del sistema. La desaparición de las cajas es otro paso más hacia el abismo. Soy muy crítica con la gestión de las cajas, como sabéis los que me habéis leído antes, con el uso del poder que hacen quienes las dirigen y con su pérdida de objetivos, pero de ahí a convertirlas en bancos obligatoriamente…
En este país se ha avanzado en seguridad y protección social. He tenido recientemente que pasar unos días en hospital público y no me cansaré de dar gracias por un sistema que, con sus defectos, proporciona esa atención médica (a la que sin duda contribuye la gran calidad humana y profesional del personal sanitario que me he encontrado). Bueno, pues parece que ahora, nada es sostenible y hay que cargárselo todo.
Pues voy a olvidar que soy economista y voy a hacer las cuentas de la vieja que seguro que me salen mejor.
¿Quién gana dinero con estos cambios? Los bancos, las compañías de seguros privadas, los monopolios de facto que aún existen, y los especuladores (empresarios que toman y dejan a lagente, que son como setas y desaparecen a los pocos días)…curioso no? parecen ser los mismos que nos han llevado a esta situación.
Y es que no escarmentamos. La mejor lección que se podía sacar de esta crisis era la de la humildad, el trabajo de calidad y la moderación. Y en este país seguimos en la misma. Seguimos haciendo lo fácil: recortar gastos apretando al más débil, al trabajador poco cualificado (a ver quién dice que no con 5 millones de parados), al pensionista que va justo, al trabajador autónomo, etc.
Y eso mismo pasa en las empresas. Falta trabajo, imaginación y liderazgo. Nos falta como sociedad.
Y estoy convencida de que la buena gente, sean empresarios o trabajadores, de izquierdas o de derechas, quiere lo mismo: que su familia tenga un trabajo digno o gane dinero por el capital que arriesga, que los bancos nos presten a nosotros y no a los despilfarradores el dinero que nosotros mismos ahorramos, que revierta en educación o en sanidad lo que pagamos de impuestos,etc.
Qué hacer? Con la escasísima calidad de nuestros políticos no hay muchas alternativas. Nos queda alzar la voz en contra de estas medidas y exigir que antes de tomarlas recorten el despilfarro, los gastos suntuarios, etc. Y que después, cuando se tomen, tengan la racionalidad y el fundamento que es exigible.
Lo cierto es que se nota mucho que no hay Ministro en Economía en este país desde hace años. Ese debería de ser el primer cambio: poner a alguien que sepa.