|
|
No me gusta hablar mal de nadie cuando antes no le he dado al interesado oportunidad de rectificar, así que no diré quién cometió el error -al menos de momento- pero es un conocidísimo y premiado médico.
La cuestión es que durante años me estuvieron medicando para una enfermedad que no tenía o que, al menos, estaba curada desde hace mucho. Esta medicación tiene consecuencias, era fuerte y lo pagaré con los años, dicen.
Y sin embargo no estoy enfadada, creo que mi infancia y mi adolescencia tuvieron que ser a la fuerza más maduras, aunque entonces no lo viera, que tuve que luchar más por lo mismo que otros conseguían con más facilidad y que eso no me ha venido mal. Aunque también creo que tengo peor carácter por esto, jeje, a algo hay que echarle la culpa.
Eso sí, nunca más, por muy sabio que sea quien me dé su opinión, me quedaré con una sola si el tema lo merece.
Y no me refiero sólo a la salud. He aprendido a formarme mi criterio escuchando y analizando desde varios puntos de vista, al menos en los temas que me importan mucho.
De verdad que en casi todo lo malo que nos pasa (no me atrevo a decir en todo porque pienso en algún dolor inútil) hay escondido algo bueno, aunque sea pequeño.
He escrito una sola vez en un mes.
Cada día a estas horas me siento delante del portátil y, a pesar de que mi cabeza no para, siento que no tengo nada que contar.
Estoy pasando un mes de introversión. Una introversión afable, relajada en general y, a veces, hasta alegre.
Pero lo cierto es que sólo se me encuentra en casa, excepto cuando trabajo, con un libro, regando o quitando malas hierbas, corriendo o haciendo elíptica.
No, no es mi tendencia natural pero no creas que estoy mal. No. Es como una necesidad de refundarse desde el principio. Seguro que muy pronto os echaré de menos.
Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde pongo la fe, me pongo en juego.
Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.
Si sale amor, la primavera avanza.
Angel González
Felicidades y suerte en el juego.
Hay cosas que tienen que terminar para que otras puedan empezar.
Toca época nueva: he cortado las tullas que rodean mi casa y la luz entra por la ventana de mi despacho, he cambiado un coche negro por uno blanco, dejo la vela de los sábados para volver a bailar (aunque la vela en sí no la dejo, eh?), estoy terminando mi curso de internacionalización y voy a empezar uno de márketing online, se acabó el invierno casero y toca moverse y celebrar, paseos por la playa y comidas al aire libre…
Y se acabó lamentarse por lo que no ha sido para vivir el presente.
El pasado me gustaba, pero no me voy a aferrar a él. Lo he perdonado todo, me lo he perdonado todo. Toca empezar una nueva etapa. La palabra es ilusión.
No lo pensé a tiempo: la/ el primera profe que te toca en el cole es crucial. Si lo hubiera pensado a tiempo hubiese pasado una selección más dura que ninguna otra.
Mary Carmen era muy joven, tenía novio y se vestía a la moda, con unas botas verdes de charol que Armando y yo intentábamos ver más cerca agachándonos a su paso. O quizás recuerdo las altas botas verdes porque quedaban a mi altura… Le gustaban los niños, se veía a las leguas. Yo era la perfecta niña buena -sólo en apariencia- y Armando el típico niño traste. Eramos inseparables. Recuerdo una vez, los primeros días de cole, que después de un rato en el cole, me dijo: ya hemos estado aquí mucho tiempo, vámonos! Y cogimos la puerta y nos fuimos a casa. Imaginad a nuestras madres cuando aparecimos en casa a media mañana!
Bueno, como sea, Mary Carmen era adorable y aunque éramos muy inquietos estábamos encantados en el cole.
A veces, nuestros niños no tienen esa suerte y se vuelven tímidos o introvertidos en el cole, van incómodos. Algunas veces, la buena suerte les coloca un profe que les atrae lo suficiente como para recuperar el gusto por le escuela. Ojalá.
Regreso de Vedra, del #lav012. Contenta pero muy cansada. Me ha gustado el montaje sencillo y practico.
Me espera una semana agobiante en la que ya se que no tendré apenas tiempo y dormiré lo justo. Siempre que doy clases en el master es asi. Esas horas se superponen a las que ya tenia, las empujan y ocupan mi agenda entera.
Este año mis alumnos son muy jóvenes. La mayoría necesitan un empujón. Salgo siempre agotada de mis clases. Pero, querido Paco, yo ya los quiero. Asi que salgo feliz.
A lo que iba. Aprovecho el viaje en coche y llamo a mi madre. No he tenido tiempo antes y se preocupa. Detecta inmediatamente mi cansancio. Empieza su discurso cariñoso sobre que no me cuido, que no paro, que no me ha dicho nada pero que me ha visto con muy mala cara…que hasta mi padre se lo ha dicho!!!!
Protesto pero me alegro, aunque no lo diga, de tenerla ahí, mimandome, preocupandose por mi. Recojo los mimos.
No le hago caso cuando me dice: no se por que te has metido en eso de ayudar a esos niños (es socia de Dididai y me pregunta constantemente por todo, se que le parece estupendo).
Cuelgo riendo.
Me quedo pensando que quizás ese master de internacional tan denso es lo que no merece la pena. Lo acabo por prurito profesional, como los libros solo regulares. Los malos ya directamente los dejo. Antes no podía. Ahora si. La edad.
Quizás es solo cabezoneria.
El resto, ni tocarlo. Nada sobra. Esta ahí porque es parte de mi vida. Y lo que me queda si puedo!
Supongo que he pasado por fases de mi vida en las que lloraba.Y no tan lejanas. Pero hace ya un tiempo, creí que se me habían agotado las lágrimas y dejé de sentir la necesidad de llorar. Pase lo que pase. Así que, hasta hace bien poco, creía que había perdido la facultad de llorar o que era simple compensación.
Quizás después de mi viaje a Nepal de este año. Quizás por eso me puse enferma del riñón.
Pero una querida amiga, una gran escritora, me regaló hace unas semanas un precioso manuscrito. No está publicado. De momento no os lo puedo recomendar.
Además de ser una maravilla, me hace llorar. Una sola página hace que caigan suavemente mis lágrimas, casi dulces, nada convulsas. No es exactamente tristeza. Sé que son mis lágrimas encerradas.
Y me gusta. Uno acaba creyendo que no va a volver a sentir, pero, afortunadamente, no es cierto.
Es el mejor regalo que me han hecho jamás. Se publicará y os lo recomendaré.
Aún te echo de menos.
(El título es un primer verso de Rafael Alberti)
…y no buenas razones.
En este mundo en que triunfa lo superficial, en que todos nos decimos “me gusta” en facebook o “wapa” a cualquier desaprensiva -ojo, aveces es de corazón- que nos cae fatal, nos hemos acostumbrado a quedar bien con un click. Somos todos maravillosos, tenemos miles de millones de amigos que coleccionamos, twitteamos lo que nos interesa y lo que no con tal de parecer modernos…
Me aburre.
Es más, estoy bastante harta. Y eso que yo soy parte de la feria, lo reconozco.
Pero a veces me da por parar, desconectarme de esos rollos y pensar en “de verdad de la buena” quién está a mi lado cuando lo necesito, quién se preocupa de mi, quién me llama para echarse unas risas conmigo, a quién me resulta sencillo contarle un problema o de quién espero apoyo para una solución.
Y hete aquí, que sacados los correos electrónicos (a veces están bien utilizados, no queda otro remedio), los sms, los twits, los post (como este), me quedan no tantas comunicaciones de verdad, no tantos amigos con los que compartir una cena en mi casa o una caña en una terraza charlando de lo que importa o riendo de lo que no, pero con el afecto a flor de piel.
No, no tengo tantos millones de amigos. Quizás sólo un puñado y ni siquiera siempre están disponibles. Pero creo que voy a perder poco el tiempo de ahora en adelante en “redes sociales”. Sólo el que me dejéis los que de verdad importáis, los que estáis en cuerpo o en espíritu aquí, de verdad, conmigo.
Sí, te quiero. Sé que tú también me quieres. No tenemos que decirlo cada cinco minutos. Tus obras te/me delatan.
Al hilo de la lectura de un artículo sobre el tema de la soledad como una lacra de la sociedad actual en el que de rondón se incluia una reflexión – que ocultamos nuestra soledad como una herida- me puse a pensar sobre este tema.
No me suelo sentir sola pero sí me ha pasado en momentos concretos y reconozco que la soledad viene a ser para mi en lo emocional como una enfermedad grave en lo físico, así que me considero afortunada de haberla tocado de refilón. Pero ahí está, formando parte de mis miedos.
La soledad, no tanto física como emocional, – a veces no van juntas- me parece a mi también una herida y como pasa a otros uno tiende instintivamente a acercarse a los que están “sanos”. Pero no me parece justo. Creo que lo primero que deberíamos hacer es desculpabilizar la soledad. Algunas veces quién está solo es responsable de sus circunstancias, pero en muchos casos es la vida la que nos coloca en posiciones incómodas, la que nos lleva al límite de una u otra manera y no es fácil salir solo de ahí, de enfrentarse al abismo.
La soledad, entendida como aislamiento emocional, es embrutecedora e insana. Si te encuentras en esa situación, intenta salir despacito. Busca un contacto un poco más estrecho, habla un poco más con los que te rodean, haz el esfuerzo de poco a poco, dar un poco más y abrirte, ese es el primer paso.Intenta penetrar en el alma de quien te habla, que decía Epicuro. Sé consciente de que tendrás que dar de ti mismo y superar tu miedo. Hazlo poco a poco, pero no desaproveches oportunidades.
Y, si te puedo ayudar, aquí estoy. La soledad no contagia.
A veces me he sentido asi en estos últimos meses de peor salud.
Hoy me siento feliz.
He pasado un dia maravilloso, rodeada de personas a las que quiero, a las que me gusta abrazar.
Algunos amigos no han podido estar por diferentes inconvenientes- que ojalá se resuelvan pronto- y otros por trabajo, pero los he sentido cerquita.
Me gusta la vida, siento unas ganas enormes de abrazar, de reír, de conversar, de soñar…eso que Bertrand Russell llamaba entusiasmo.
Viejita…es cariñoso, dices…
He estado flojita por estos riñones míos, que no sé qué les pasa pero no me acaban de dejar en paz.
A veces pienso que estos bajones de energía son normales y hasta necesarios. gasté muchísima en dejar mi trabajo al día antes de ir a Nepal. Allí, fue más esfuerzo aún. Por muchos motivos. Seguro que imagináis que no es fácil digerir aquello y volverse, a este maravilloso primer mundo, sin haber hecho nada. Levantar al bebé que se acurruca en mi regazo, dejar a Madhu que se enrosca en mi espalda cuando tarareo una canción…Muy difícil. Muchas lágrimas que no han salido.
Durante este tiempo, de parón forzoso que, por una vez, he intentado no forzar del todo, he visto muchas cosas, he tomado distancia y me he vuelto interiormente más serena (no sé cuánto durará), que buena falta me hace.
En lo que al Olivo respecta, creo que aún más voy a intensificar eso de que sea mi contenedor, donde tener a buen recaudo mis cositas, todo lo que me interesa, mis fotos, mis poesías favoritas. No es que no escriba para los que me leéis pero no tengo ninguna pretensión más allá de compratir con quien quiera las cosas que me gustan.
La escuchaba esta tarde -menuda y arrugadita pero vivaracha- hablar de la gripe del 18. En ella perdió a sus padres con tres años. Regalaronlle as primeiras zocas. Hasta ese dia iba descalza. Nueve hermanos a cargo de la abuela Xoana.
La abuela cabalgaba horas para traer las patatas para el caldo. Caldo de comida, de cena y el liquido que sobra, para las papas pegas del desayuno (cuanto me recordo a mis niños nepalies).
Iba al cole. Los mayores no, pero ella aprendio a leer y escribir. Aun asi, trabajo desde los ocho años. Duro, en el campo. Con diez lo hacia tan bien que le pagaban una peseta diaria. Con once , gracias a H., y a que ahorro 20 pesetas, empezo a comprar y vender huevos. Con doce, cambio a las fabas.
Trabajo duro, durisimo y salio adelante.
Mujeres fuertes que merecen un homenaje.
Le pregunte donde esta enterrada Xoana. Me gustaria darselo. No sabe exactamente. Antes enterraban sin tanta ceremonia. Siento que esta bien asi. Agradezco con todo mi corazon a Xoana de Tenreiro su valor, a A. do Camuso su bondad y a ella…a ella la quiero y la admiro por esa fuerza interior enorme y maravillosa.
Cuando te enamoras, de verdad, ves la parte del otro que tiene potencial, la que le hace mejor, aquella que te gustaría compartir. Por eso, cada vez que alguien se enamora de ti te esta dando una oportunidad de ser mejor bajo el paraguas de ese amor, sea de un dia o de toda la vida. Siempre que me ha pasado lo recibo como un regalo.
Nadie se conoce a si mismo, solo por el resultado de sus actos, dice el I Ching, y creo que no se refiere a los resultados clásicos.
Asi que enamorate perdidamente de otros y de tu mismo. No mejorara tu conocimiento -al menos no analizandote-pero seguro que tus actos son mas hermosos.
No hemos parado. Desde por la mañana en bal mandir, con las niñas. Es imponente el trabajo que ha hecho michele, con pradip, sara, indu y kalpana, con esas niñas. Que inmensa paciencia y amor hay que tener. Cuando regrese os escribiré un post sobre michele, es difícil con tan poco tiempo y el teclado del iPhone. Porque los dos portátiles que me traje ya se los di a los destinatarios, que están felices, por cierto!
Upasana no para de lloriquear, no parece que este buen del todo. Pero akriti se ríe y juega y pradip le hace entrenamiento para que camine. Podría seguir y seguir, pero dentro de cinco horas tengo que levantarme. Son las doce y media. Nos vamos dos días todo el equipo con pradip a su pueblo. Mezclaremos descanso y trabajo. Mañana de todas formas es fiesta. Tomaremos un autobús y después caminaremos unas cinco horas.
Un abrazo grande, colorido y muy afectuoso
|
|