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A pesar de la larga salida de anoche, en la que, como en los viejos tiempos, ni volví a casa a dormir (que nadie cuente nada, eh?), toca hacer el postre para mañana.
Voy a hacer un brownie de chocolate con nueces para poner de base. Me he comprado un helado de vainilla y un sorbete de madarina con una pinta artesana impresionante para poner sobre él y un choco de lujo para servir caliente chorreadito por el helado. Somos 14 para comer así que tengo que multiplicar por tres las cantidades habituales: unos 360 gramos de chocolate, casi medio kilo de azúcar (siempre le quito algo a la receta para que no quede dulzona), 400 gramos de nueces picaditas, 250 gramos de mantequilla y algo más de harina (la receta se queda corta según he comprobado). Un poco de vainilla, sal. levadura y mi toque especial: un chorrito de vino dulce. Ay, se me olvidaban los 6 huevos para esta cantidad.
En invierno podéis ponerlo con unas peras cocidas o con nata o con mousse de chocolate blanco.
Es superfácil -media hora de hacerlo y media hora de horno- y queda muy vistoso.
El truco: escoger bien el chocolate y sacar el helado del frigo un rato antes de servirlo.
Que lo disfrutéis! Mañana, si puedo, subo una foto.
Esta mañana irrumpió en la ducha: “¿Sabes que la abuela tiene edad negativa? ¡ Tiene menos tres años! Y es que se ha tomado pastillas de más de Vita- Wonka”.
Desconcertada, pero acostumbrada a ponerme en situación rápido, le pregunto que cómo se podrá solucionar eso y me contesta: “pues con gotas de Wonka Vita, claro!”. Claro ( ¿claro?)…respondo.
Y me sigue contando todo el proceso de rejuvenecimiento que han armado Willy Wonka y Charlie, así que acabo cayendo en la cuenta de que tiene que tener que ver con Roald Dahl y con Charlie y la fábrica de chocolate.
Mi cabeza se empieza a poblar de imágenes, de diversión, de colores, de humor, de imaginación…Excelente forma de divertir a niños y mayores.
Si queréis que vuestros niños amen leer, pasadles Charlie y el gran ascensor de cristal de Roald Dahl (apto a partir de los 10 años aunque ponga 12) y disponeos a disfrutar con ellos.
 Vía La Butaca
La semana pasada me dijeron que con mi corte de pelo recuerdo a la Binoche en Chocolat (ya me gustaría, vamos, que pongo velas a la Virgen de Chamorro si hace falta).
Me picó la curiosidad y empecé a ver la película. Me convencí de verla entera -en inglés para practicar, por favor, si alguien la tiene en castellano que me la pase- al ver a Johhny Deep!!!!!, que ya sabéis que es mi favoritísimo.
La verdad es que la historia es muy dulce y me enganchó. Es un buen ejemplo de cómo el amor vence al miedo.
Supongo que hay rasgos de la protagonista con los que me identifico mucho y además tengo, como ella, esa firme convicción de que cocinando para alguien se le cuida, de que alrededor de una mesa con un café se tienen mejores charlas, de que la amistad entre mujeres es fuerte, como de hermandad, de que el baile y la música son maravillosos y, sobre todo, de que el chocolate todo lo arregla.
Hummm, ese chocolate aromático (con canela, con naranja, con limón, con chili…). Es que lo estoy oliendo y saboreando. Y no, no es un sustitutivo, pero es un buen complemento.
Mientras la veía me preparé uno y después me di un baño con gel de chocolate. Sí, ese que me regalaste. Deja la piel suavecita.
(Le voy a poner etiquetas a todas mis entradas de chocolate, que ya son muchas)
Con la noche de la fiesta llegó el buen tiempo, ya lo decían los ancianos de mi aldea:cambiaba el ciclo de la luna. Por fin hace calor y se puede disfrutar de los días en la playa y de las hermosas noches de luna llena.
Para la fiesta hice un par de tartas de esas de galletas maría y chocolate que, al menos en mi casa cuando éramos niñas, se hacían para los cumpleaños. Muchos de los años que tengo he soplado las velas sobre esa tarta.
Hace años que no la hacía, así que el resultado es mejorable pero si tuviera que repetirla sé exactamente lo que cambiaría para que estuviera más rica.
Os dejo una especie de receta, que esta tarta cada uno la hace como le parece:
Hace falta una caja de galletas maría. A mi me resultan más cómodas las rectangulares y siempre las prefiero tostaduca.
Para el almíbar con que las mojo, pongo agua a hervir, le pongo mucho azúcar, unas cortezas de limón a cocer y, en mi caso, un palo de canela. Lo dejo cocer bastante rato hasta que el almíbar se haya reducido y cogido sabor. Si es para mayores, le pongo un chorrito de Pedro Ximénez o similar.
Las galletas las voy colocando después de pasadas por ese almíbar y no las dejo empapar demasiado. Esta vez me quedaron un poco secas.
Así que una capa de galletas empapada, una de chocolate, otra de galletas, una de crema pastelera, otra de galletas y, en mi caso, la nata montada por encima y después los adormos (virutas de chocolate, figuritas si es para niños, etc…).
Mi truco es poner la nata al final. A veces la tarta la hago el día anterior porque la crema y el chocolate deben estar templados, no demasiado calientes, cuando se ponen encima de las galletas. Además, como que coge más sabor. Pero eso a la nata no le hace ningún favor, así que he cambiado el orden de las capas y ahora pongo la nata poco antes de servir y así no se pone líquida o se baja.
La crema pastelera no es mi especialidad -aunque los huevos caseros se notan al final y el toque de limón también- y la nata la compro montada en el momento en un sitio que me la ponen fresquísima. El chocolate, eso sí que no se me da mal. Debe de ser porque es lo que más me gusta.
La última llevaba una mezcla de chocolate con leche y un chocolate negro con el 70% de cacao que es excepcionalmente rico. Ya sé que parece que no se nota con todo lo que lleva, pero creedme: la diferencia final está en estos detalles.
Os he contado mis trucos. Si necesitáis datos, medidas o cantidades, pues lamento decir que casi la hice a ojo. Pongo el chocolate en trozos, cuarto de litro de leche y voy cociendo y añadiendo hasta que me gusta la textura. Ya sabéis, las tartas de madre son así.
Quedamos en que ponía una receta.
Mañana, dentro de un ratito, me pondré a preparar este postre que tiene la ventaja, para mi, de tener como ingrediente básico el chocolate.
Ingredientes para 2 personas:
4 galletas champaña o bizcochos secos molidos.
2 huevos
75 gramos de chocolate amargo
2 cucharadas de nueces molidas
2 cucharadas de azúcar
2 cucharadas de mantequilla
Media tacita de café negro concentrado
1 cucharada de coñac
Hummm, qué buena pinta….
Preparación:
Derretir el chocolate en una cacerola de doble fondo con dos cucharadas de agua.
Agregar el azúcar y la mantequilla.
Batir bien agregando las yemas una a una.
Cocinar cinco minutos y retirar.
Batir las claras firmes y añadirlas al chocolate junto con las nueces.
Agregar suavemente el café, el coñac y las galletas.
Colocar en dos copas anchas y decorar con crema chantilly.
En mi caso, ya que es una Carlota, la presentaré en pequeños cuencos rodeados de medios bizcohos con la crema de chocolate dentro.
Quedará bonito y, al menos yo, como con los ojos.
Ya os contaré cómo está de buenísismo.
Hace tiempo que no veo una película tan llena de imaginación -y tenía que ser Tim Burton otra vez- y de colorido. No es opcional, al menos para los niños: deben verla.
Me recuerda al mundo de imaginación de Alicia en el País de las Maravillas, salvando las distancias.
Las “enseñanzas” son un poco naïf, pero, por lo mismo, básicas. Muestran el universo de niños “repelentes” que se convertirán en adultos intratables. Y sí, quizá ya se pueda saber desde niños hacia donde se dirige uno.
De la película hay que resaltar la excelente interpretación de Johnny Depp, tan histriónico como sólo él sabe serlo, en su interpretación de Willy Wonka.
Desde luego, muy recomendable. Para niños.
Ha empezado la primavera y, con ella, la lucha anual contra los kilos y demás males.
Ellos, despreocupados, lucirán su barriga cervecera sin complejos mientras que nosotras y los metrosexuales, ubersexuales o lo que sea ahora, nos pondremos a dieta, nos compraremos tres cremas para olvidar en un armario pero tranquilizar nuestra “body- conciencia”, compraremos un bono de un solarium para no ir a la playa tan blancas, etc.
Y es que no hay que olvidar que 100 grs. de chocolate negro – exquisito, aromático, tentador, amargo, hummmm qué placer- tienen unas 500 calorías, mientras que lo mismo en acelgas cocidas -sin aceite, ni sofrito, ni patatas- sólo 15 calorías. Y dónde va a parar, a todos nos gustan más acelgas ¿o no?.
Mira, yo este año me compro un bikini de cuerpo entero.

Sigo empeñada en justificar mis defectos, mis manías y mis adicciones. Además, algunos días no sabe uno qué contar. Me he pasado todo el día con la cabeza metida en boletines del ICAC (Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas) y cosas así. Y, claro, a nadie le interesan los nuevos formatos de registro de auditores, supongo.
Días así requieren una ración extra de chocolate. Hoy, del de hacer, por ejemplo, eso sí, negro, muy negro, como siempre.
Para defenderme, leo en Livescience que se ha descubierto porqué el chocolate es tan bueno para la salud y, en particular, para el corazón. Parece que tiene un flavonoide, epicatechin (wikipedia) que mejora el flujo sanguíneo.
Mientras lo leo, perfectamente revitalizada, cojo una onza de un chocolate negro, ligeramente especiado. Intenso. Como los versos de Pessoa:
Come chocolates, pequena;
Come chocolates!
Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates.
Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria.
Adicciones
Estamos casi en Navidad y no es que esté vaga, como dicen algunos, sino que estoy de “vacaciones” y no me apetece pelearme con esa multitud de temas serios que llenan las páginas de economía, por ejemplo. Mucho me temo que las frivolidades y la literatura es lo único que me va a ocupar. Allá vamos.
Reconozco que, por carácter, soy tendente a la adicción. Pero ¿quién ha dicho que todas las adicciones son malas?
Por ejemplo, hoy he leido en el País que el chocolate negro es bueno. Está bien, diré toda la verdad: en dosis pequeñísimas (dos onzas al día). Ahora, mientras escribo estoy tomándome un chocolate suizo con el 72% de cacao que es magnífico. ¡Hasta Montignac lo ponía en aquellas dietas que le hicieron famoso!. Además, por si alguien no lo sabe aún, el aporte de magnesio del chocolate lo hace excelente para el organismo.
Y, por último, está aquello de compartir el placer. Por ejemplo, se deja encima de la mesa de trabajo y cada uno que viene sale relajadito y con otra cara. Una tableta de 100 gramos, siguiendo la dosis recomendada, puede sentar bien a una docena de personas.
Y no hay libros ni nada sobre las magníficas cualidades del chocolate. Y por asociación acabo de recordar aquel libro de Laura Esquivel Como agua para el chocolate que tanto me gusto en su día. No encuentro forma más gráfica de plantear una discordancia: agua y chocolate. Si recuerdan la tradición, los franceses hacen el chocolate a la taza con agua y los españoles con leche y es sabido cuál es mejor. Además ¿qué le pasa al chocolate si al fundirlo al vapor le cae una gota de agua? pues que queda fatal, como si cambiara completamente de textura, no sirve ya para hacer unas buenas trufas, una cobertura de esas que se deshacen en la boca…hummm.
De este libro me encantan los “estados de ánimo gastronómicos”. Por ejemplo:
En cuanto Pedro la abrazó su cuerpo vibró como una gelatina
Tita literalmente estaba “como agua para el chocolate”. Se sentía de lo más irritable
…y así como un pan achicharrado altera el olor de toda una casa convirtiéndolo en desagradable, así su cerebro ahumado lanzaba esos negros pensamientos
Cuando Esperanza le dijo a Tita que al recibir la mirada de Alex sobre su cuerpo ella se había sentido como la masa de un buñuelo entrando al aceite hirviendo, Tita supo que Alex y Esperanza se unirían irremediablemente.
Chocolate.
Buenas noches.
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