Ese es el título del libro que acabo de cerrar, escrito por Mercé Rodoreda. Y qué bien entiendo ahora a Pau y que le costará deshacerse de él. Yo también lo he dejado a un al lado de la (enorme) pila de libros de la mesilla, como con pena de llevarlo a la estantería. Lo he leído con deleite, embebida, absorta en la larga noche de insomnio.
Como siempre, no comento mucho pero os dejo un parrafito para que os hagáis una mínima idea. Yo, desde luego, y sin duda, os recomendaría leerlo.
Al cruzar el vestíbulo oyeron el silbido del viento que se colaba por debajo de la puerta. En la sala, se sentaron en el sofá, un poco arrinconadas. El laurel golpeba la pared. “Parece que quiera entrar”, dijo la nodriza mientras secaba los ojos de Sofía, que lloraba a lágrima viva.
Por cierto, me he propuesto ponerme desde el principio del blog e ir actualizando todas las páginas de catálogo. A ver si es cierto…porque ya no encuentro lo que busco fácilmente.
(Felicidades a Paco, aunque ya sea en tiempo de descuento o casi. Besiños)



