De Gian Lorenzo Bernini lo admiraba todo desde siempre: la fantástica columnata de la Plaza de San Pedro con esa armonía clásica y esa capacidad arquitectónica de dar sensación de acogida, sus barroquismos en el Baldaquino de la basílica de San Pedro o la hermosísima cátedra, pero nunca había tenido ocasión de ver las obras cumbre de su escultura en la Galería Borghese.
Siempre que he ido a Roma he repetido el mismo recorrido o similar -lo que no es un gran esfuerzo cuando se trata del Panteón o de la Capilla Sixtina- con ligeras variaciones. Vila Borghese y su Galería son mis novedades de este año.
Sólo soy una aficionada al arte que ha dejado de “practicar” durante un tiempo -al menos en parte-, pero si mis emociones hacia Bernini os dicen algo, ahí van.
Entré en la sala donde está el David en el centro y al verlo se me puso la piel de gallina, un nudo en la garganta y se me llenaron los ojos de lágrimas ante la emoción de tanta belleza. Unos minutos después ya fui capaz de ver el gesto expresivo, la mano que aprieta la piedra como si estuviera viva, la tensión muscular en el mármol. Después.
Pero donde ya no pude vencer mis emociones, donde quedé boquiabierta, con el corazón latiendome muy fuerte al recibir la pasión, la violencia, de la escultura, fue ante el Apolo y Dafne. Así, como la foto que os he puesto en la página, es como Bernini colocó su obra. Apenas se ve más que a Apolo que persigue a la ninfa, seducido por su belleza, con ese pie en alto, suspendido en el aire, leve, como si no fuese mármol. La ninfa, que no quiere ser atrapada, comienza a convertirse en un árbol de laurel. Qué belleza las hojas que surgen entre Apolo y ella, qué etéreas! Es sin duda una maravilla ver surgir de un pedazo de mármol este delicado trabajo.
El resto de sus obras, qué decir, me encantaron todas. Esa enorme Verdad inacabada, magnífica, o el Rapto de Proserpina…
Me sentí humilde ante la grandeza del Arte “de verdad” y me sentí confortada, feliz, por la tremenda belleza que un hombre solo, apenas con sus manos y toscas herramientas, es capaz de crear. Admiración, enorme, con mayúsculas, ante semejante muestra de sensibilidad.
Y, sobre todo, qué manera de disfrutar!
Reconozco que Caravaggio, Correggio, Tiziano, Veronés, Canaletto (Leiter me acordé de ti en ese momento, ¿por qué?) y hasta Canova requerirán otra visita a Galería Borghese, porque yo ya sólo estaba para Bernini.



